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BALI (INDONESIA) feb 29

UN PARAÍSO EN LA TIERRA


Cuando apenas se llevan unos minutos en tierras balinesas, uno ya se da cuenta que ha aterrizado en un lugar muy especial. Se palpa un ambiente diverso al que podemos encontrar en las demás islas de Indonesia. Y las diferencias a las que nos referimos no son climáticas ni paisajísticas, ni en la apariencia de algún monumento, pues en estos aspectos se parecen bastante a las islas vecinas como pueden ser Java, de la que sólo dista 3,2 kilómetros, – situada en su oeste -, o las más cercanas situadas en su este como Lombok o Nussa Tenggara. Una atmósfera de tranquilidad y serenidad flota en el ambiente. La gente del país pasea con parsimonia (pueden ser la excepción los scooters que recorren Denpasar, la capital). Los trajes tradicionales están muy presentes. Por doquier despuntan las curiosas cubiertas en forma de pagoda de los templos. Piedras esculpidas con imágenes de animales fantasiosos se esconden en cualquier esquina. En el suelo, de vez en cuando nos topamos con ofrendas hechas con flores y comida. Y es raro el día en que no te encuentres con alguna celebración, ya sea un funeral, boda o algún otro ritual cargado de simbolismos y plástico a más no poder.

Bali es una isla que pertenece a Indonesia y forma parte de un archipiélago llamado islas Pequeñas de la Sonda. Está situada sólo 800 kilómetros al sur de la línea del ecuador. La superficie es de 5.633 km2 (como Ibiza y Mallorca juntas). Su relieve es más bien montañoso, sobre todo el centro y norte, con una cota máxima de 3.142 metros, en el volcán activo Gunung Agung (la última erupción fue en 1963). El clima es tropical, con una estación seca que va de mayo a finales septiembre; los meses menos lluviosos son agosto y septiembre, y la temperatura media siempre está por sobre los treinta grados centígrados.

La población ronda los tres millones de habitantes, son mayoritariamente de etnia balinesa, y el hecho diferencial respecto a otras islas del archipiélago indonesio es el religioso. Aquí todo el mundo profesa una forma local del hinduismo, donde se mezcla el complejo y multitudinario panteón hindú, con formas animistas. El sistema de castas se limita al ámbito religioso, con los brahmanes en el escalafón más alto y los sudra debajo. En el mundo del trabajo no hay diferencias y los intocables, contrariamente a lo que ocurre en la India, no existen. Hoy, la población balinesa divide sus actividades laborales entre el turismo y el cultivo del arroz.

La gente de Bali se convirtió al hinduismo a lo largo primera mitad del siglo XI, cuando el rey javanés Airlangga, tomó el poder en Java y extendió su dominio sobre Bali, permitiendo sin embargo, un estado de independencia tutelada. A lo largo de los siglos diferentes dinastías hinduistas se sucedieron al frente de la monarquía balinesa, siendo la más importante la de los Majapahit, entre los años 1293 y 1520. Cuando en el siglo XVIII en Java y en buena parte del archipiélago indonesio se impuso el islam, en Bali aún se afianzó más el hinduismo. Y fue la pujanza de los mahometanos en Java, lo que provocó la migración hacia Bali de las clases altas y sobre todo de gente de la cultura y artistas. De aquella época proviene la tradición artística balinesa que aún hoy perdura. Hay que recordar que Indonesia es el país del mundo con más seguidores del islam.

Bali también sufrió la colonización europea. Fue la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales quien tomó control definitivo de la isla después de un ataque naval sobre la capital en 1906. Ya mucho antes, a finales del siglo XVI, los holandeses fueron introduciéndose de manera sibilina cerca del poder real y a mitad del XIX tenían establecidos destacamentos militares en algunas zonas del norte de Bali. Durante la II Guerra Mundial, fueron las tropas japonesas las que ocuparon Indonesia el año 1942. La dominación nipona duró hasta que tropas británicas desembarcaron en Java en octubre de 1945 y seguidamente los holandeses se hicieron de nuevo con el poder colonial. Pero esta presencia europea fue corta, pues el general Sukarno encabezó una compleja trama para conseguir la independencia. Después de muchos tira y afloja, tanto bélicos como diplomáticos, incluyendo la intervención de las Naciones Unidas, al final Indonesia conquistó su independencia en el año 1949.

Con el país estabilizado, Bali pasa encabezar el desarrollo turístico de Indonesia. Los hoteles y conjuntos residenciales más lujosos se han ido estableciendo por todo el litoral. La zona situada al sur de Denpasar, conformada por la península de Bukit, es la que tiene más establecimientos de alto standing. Algunos de los campos de golf con más glamur se han establecido en esta pequeña península, sobre todo destacan los de Nusa Dua y Sanur. También son famosas en todo el mundo las playas de esta zona para la práctica del surf. Y para divertirse no hay como la población de Kuta y sus famosas discotecas. Por desgracia una de estas discotecas de Kuta fue objetivo de los terroristas islámicos en el año 2002, causando muchos muertos y además, dañando de manera severa la industria turística durante un tiempo al bajar significativamente el número de visitantes extranjeros.

El otro polo de atracción balinés es Ubud. Este lugar es desde hace siglos el centro cultural de la isla. Ubud resume miel que es Bali, pues aquí se puede captar mejor que en ninguna parte el sosiego tradicional junto con el desarrollo de la artesanía, la música, el teatro y las artes. El pueblo, no demasiado grande, se encuentra en el centro-sur de la isla, rodeado de arrozales dispuestos en vistosas terrazas. Muchos templos se encuentran tanto en el interior de la población como en las cercanías. Por todo, Ubud es una buena base para quien quiera descubrir con tranquilidad toda la parte meridional de Bali.

Atractivos paisajísticos los encontramos por toda la geografía balinesa. Sus playas, algunas de arena blanca y muchas otras de arena negra de origen volcánico, ofrecen un sin fin de vistas impresionantes, siempre con el telón de fondo de las altas montañas y volcanes del interior. Muchos de estos volcanes ofrecen la oportunidad de cortos trekkings y excursiones, incluyendo la ascensión a la cima del Gunung Agung. Para los amantes del buceo, la costa noreste es la más aconsejable, además de admirar los fondos de coral, muchos submarinistas visitan las playas de Tulamben con el objetivo de sumergirse entre los restos del pecio del barco estadounidense Liberty.

Y lo que es imprescindible en una visita a Bali, además de conocer sus mejores templos, como el espectacular Tanah Lot o el Pura Goa, es vivir en directo el espectáculo teatral del barong, las danzas legong e ir a una sesión teatro de marionetas hechas con la técnica de las de sombras chinescas.

Por todo, Bali es destino imprescindible en cualquier recorrido por Indonesia. Muztag Viajes ofrece varios programas, estándares o hechos a medida, que permiten descubrir este paraíso.

 

KILIMANJARO dic 19

-¡Mira por dónde! ¿Quién me iba a decir que algún día lograría llegar a la cima de una montaña de casi seis mil metros? ¡Y que esta montaña sería un lugar tan emblemático como el techo de África! Estas pueden ser, más o menos, las reflexiones de una persona que acaba de bajar del Kilimanjaro; de una persona, normal, caminadora y excursionista, eso sí, pero lejos de pertenecer a la élite del alpinismo. Y es que plantearse alcanzar los 5.895 metros de altura de la cumbre del Uhuru (la cima Libertad), punto culminante del Kilimanjaro es un reto factible para casi todo el mundo que se lo proponga.
Para acercarnos a las míticas Nieves del Kilimanjaro, hay que viajar hasta Tanzania en la costa oriental africana. El punto de acceso más cercano es el aeropuerto KIA, junto a la ciudad de Arusha (tiene pocos vuelos desde Europa), también se puede llegar a través de los aeropuertos internacionales de Dar Es Salaam o el de Nairobi en la vecina Kenia.  

El nombre de la montaña, mejor dicho volcán, proviene seguramente de la palabra “Kilimangne”: Montaña del agua, en lengua masái, también podría ser que viniera del idioma chagga “Kilemieiroya”: la montaña invicta. De todos modos, los chagga a la montaña no la llaman Kilimanjaro, sino Kibo, que significa Montaña Blanca. El punto culminante es un pequeño promontorio situado unos 900 metros al suroeste del cráter y que fue bautizado como cima Libertad, en lengua suajili “Uhuru”.

Hoy las famosas nieves están desapareciendo de manera rápida y constante. En las últimas tres décadas la disminución de la superficie cubierta por glaciares es bien visible. Parece ser que esta drástica reducción de la zona innivada es consecuencia del cambio climático global pero también por el calentamiento progresivo del mismo volcán, lo que podría presagiar una futura erupción.


La ascensión al Kibo o Kili, no es difícil por ninguna de sus rutas, algunas son más técnicas que otras, pero en definitiva el único problema que presenta subir es el gran desnivel que hay que salvar en poco tiempo. Además las dificultades a superar están al alcance de todos si se saben hacer bien las cosas: un mínimo entrenamiento previo y sobre todo durante la ascensión realizar una buena aclimatación, esto significa ir muy poco a poco, alimentarse de manera correcta e ingerir mucho, mucho líquido. Otra ventaja que presenta el Kili es que no se necesita un equipamiento excepcional. Con la vestimenta que afrontamos cualquier cima del Pirineo a finales de otoño es suficiente. Otra ventaja es que en la ruta “normal”, la Marangu o también popularmente llamada ruta Coca-Cola, los emplazamientos de los refugios están en los lugares más idóneos, en unas cotas que permiten una ascensión escalonada y facilitan la aclimatación y el descanso, con unas mínimas de comodidades. En otras rutas se come y pernocta en tiendas de campaña.
La mejor época para acercarse a la gran montaña es desde primeros de enero a mitad de marzo y desde la segunda quincena de julio hasta septiembre. Hay que evitar el período de lluvias, que comprende los meses de abril, mayo y primera parte de junio. Noviembre y diciembre pueden ser irregulares, aunque sigue siendo posible la ascensión.

Los equipos de guías y porteadores que acompañan a los alpinistas suelen ser bastante buenos. Los guías y los que hacen de camareros sirviendo las comidas son las personas con las que los clientes tendrán más trato. Su dedicación y empeño hace que la subida sea más sencilla. Además, ¿sabéis la comodidad que representa llegar al refugio y tener la cena preparada?
Como se ha dicho antes, la ruta normal o Marangu es la más transitada y la que cuenta con la red de refugios que facilita la ascensión., Este itinerario comienza en la Mandara Gate (puerta de entrada al parque nacional del Kilimanjaro) donde hay que hacer algunos trámites burocráticos. La primera etapa, la que va desde la puerta de entrada al parque hasta refugio Mandara es de 890 metros de desnivel, y discurre por el interior de un bosque tropical húmedo. Se sube cruzando una flora lujuriosa y variada, con árboles cargados de lianas, líquenes y flores por todas partes. La fauna es más escurridiza, a veces es posible observar algunas familias de monos. El refugio Mandara (2.750 m) está en un claro del bosque y cuenta con varias edificaciones donde siempre reina una considerable actividad debido a las expediciones que van llegando. Antes de ir a la cabaña asignada para dormir hay que registrarse en los rangers (operación que se repite en cada refugio). Una gran cabaña hace de comedor y debido a la cantidad de gente se realizarán turnos para comer.
La segunda jornada, en principio se parece a la precedente, pero al poco de andar se llega al confín de la selva. Justo en la zona de transición entre el bosque húmedo y el páramo hay la posibilidad de desviarse un poco de la ruta para subir al pequeño volcán Maundi. Desde este cráter se puede divisar a lo lejos el Kilimanjaro ya su lado la silueta inconfundible del Mawenzi, el torturado volcán vecino del Kili. Ahora la vegetación pasa a estar formada por arbustos y matorrales, sin faltar muchas variedades de flores. Hacia el final de esta segunda jornada es cuando se ven los primeros senecios gigantes (Senecio keniodendron), planta de grandes dimensiones y especie endémica que sólo se encuentra aquí y el monte Kenia. Después de unas siete horas de marcha y unos 15 km de recorrido se llega al emplazamiento del refugio Horombo a 3.720 m. En este lugar se permite pasar más de una jornada. Es bueno para la aclimatación aprovechar el tercer día de expedición para descansar un poco y dedicar el máximo esfuerzo en subir hasta la cota 4.000, justo en un lugar llamado Cebra Rock, donde la vista permite observar toda la subida al Kili.
La cuarta etapa es más exigente, no por la dificultad del terreno que en buena parte sube de forma constante pero suave. El obstáculo está en la altura y que ahora las temperaturas empiezan a ser bajas. El paisaje pasa de un curioso bosque de lobelias (Lobelia deckenii) a ser un desierto, casi lunar, donde ya no es posible encontrar agua potable. Ahora es cuando se ven los primeros grupos que pagan los esfuerzos de jornadas anteriores y el haber aclimatado mal. Después de cinco horas efectivas de marcha se divisa el refugio Kibo, a 4.703 metros. En este refugio es donde se viven las horas previas al ataque definitivo y donde de verdad se mide el estado de forma de los alpinistas. La corta noche (se va a dormir poco antes de las siete de la tarde y hay que levantarse hacia las once de la noche) pone en su sitio a todos. Descansar bien las pocas horas de las que se disponen es señal de que se han hecho la aclimatación de manera correcta y el éxito está muy cerca.

Un desayuno poco digerible a media noche, rumor de toses debidas a las gargantas resecas, alguna que otra migraña y también alguien que duda en salir o no después de un descanso difícil, es lo que espera a los alpinistas. Fuera hace fresco y muy pronto una hilera de lucecitas serpentea por la ladera empinada que conduce a Gilman’s Point, en 5744 metros, punto clave de la ascensión. Cuando se llega a Gilman’s Point es cuando se insinúan en el horizonte las primeras luces del nuevo día. Es el momento crucial de la subida. Este lugar se encuentra el filo del cráter. Hay expediciones que se dan la vuelta, con la excusa de que ya están arriba, pero aún queda más de una hora si lo que de verdad se quiere es llegar a la cima verdadera, el Uhuru. Arriba sobre el cráter, el terreno se aplana. En la actualidad sólo quedan unos pocos glaciares y en un año normal se puede alcanzar la cumbre sin siquiera pisar nieve, caminando sobre greda volcánica. Y por fin, es cuando desbordan los sentimientos. ¡Qué sueño encontrarse allí donde nos habíamos propuesto, el punto más alto del continente africano!
En próximos post os iremos contando los mejores complementos turísticos para hacer de la ascensión al Kili un viaje redondo y completo. De hecho en un anterior post ya os habíamos hablado del parque del Serengeti.
En Muztag organizamos la ascensión al Kilimanjaro en diversas modalidades y siempre a partir de dos personas: por la vía normal, por la Machame, incluyendo la ascensión previa al Monte Meru (muy conveniente si se dispone de tiempo, pues permite una mejor aclimatación), con la visita a varios parques naturales. También os podemos ofrecer un programa hecho a medida, incluso desde una sola persona.

 

MACHU PICCHU nov 09

En 2007, una votación global por Internet dictaminaba cuáles serían las nuevas Siete Maravillas del Mundo Moderno (de las antiguas maravillas aún permanece en pie la gran pirámide de Giza en Egipto). Los lugares escogidos por los electores planetarios fueron: el Taj Mahal (India), Chichén Itzá (México), el Coliseo de Roma (Italia), la escultura del Cristo Redentor de Río de Janeiro (Brasil), la Gran Muralla (China), las ruinas de Petra (Jordania) y el Machu Picchu (Perú).

La ciudadela inca de Machu Picchu ha estado recientemente de celebración. La efeméride de su “descubrimiento”, el 24 de julio del año 1911, ha vuelto a poner las ruinas andinas en la primera página de periódicos y revistas durante los actos del centenario.

El Machu Picchu es uno de esos contados lugares del Planeta que se pueden considerar de visita imprescindible. Esto viene a significar que siempre está repleto de turistas y que los precios están a la altura de la importancia del monumento. Todos aquellos que todavía no las hayan visto, sin embargo, que no se asusten. Es cierto que hay multitudes de visitantes, pero en un emplazamiento tan amplio, casi no molestan. Y los precios, es cierto que son caros (el autobús de acceso, la entrada, si alguien se quiere alojar en el único hotel que hay en las mismas ruinas), pero en el resto de lugares cercanos al Machu Picchu las tarifas que se pagan son bastante equitativas.

Uno de los atractivos de Machu Picchu es su ubicación y el entorno que le rodea. Otros alicientes importantes son la historia que guarda, con las dudas de lo que fue y lo que no fue, y sobre todo, la magnificencia de las ruinas. Para ver esta maravilla hay que irse a Perú, en concreto hacia el sur, en la provincia de Urubamba, unos 130 km al noroeste de Cusco. El conjunto arqueológico se extiende entre Cerro Huayna Picchu (2667 m) y Cerro Macchu Picchu (2795 m), ocupando un amplio rellano situado a 2.438 metros de altura y las pendientes que se vuelcan sobre un gran meandro que forma el río Urubamba (también se le conoce como río Vilcamayo), que discurre casi 500 metros por debajo.

El entorno montañoso, la altura moderada y la proximidad con la selva amazónica hacen que esa región disfrute de un clima excelente. Quizá por eso el Inca Pachacútec eligió este lugar para construir un asentamiento para la nobleza. La situación casi inexpugnable del lugar determinó que el Machu Picchu sería además un buen refugio en caso de que las poblaciones habitadas del valle de Urubamba, más popularmente llamado el Valle Sagrado de los Incas, cayesen en manos enemigas. Lo cierto es que entre los años 1450 y 1532 la ciudadela fue el lugar más secreto donde residían y se escondían los aristócratas. Templos, plazas, edificios de viviendas, las casas dedicadas a las Acllas (las mujeres escogidas como servidoras del dios Sol), fueron ocupando toda la superficie de la loma, y siguieron bajando hacia los acantilados formando terrazas unidas por largas escalinatas. Todo aquel esplendor terminó cuando Cusco cayó en manos españolas, a partir de entonces fue cuando realmente el Machu Picchu sirvió de refugio. La detención y ejecución del último caudillo inca Túpac Amaru, en 1572, significó el principio del fin del Machu Picchu, pues fue abandonada de forma paulatina. La vegetación ocupó las terrazas y edificios y la que había sido el portento de la arquitectura inca y lentamente pasó a ser una ciudad fantasma y olvidada.

El redescubrimiento se produjo oficialmente cuando el científico norteamericano Hiram Bingham pudo penetrar en las ruinas e iniciar de esta manera las prospecciones arqueológicas de la mano de la Universidad de Yale. En aquellos estudios iniciales se hicieron grandes hallazgos, y casi cincuenta mil piezas fueron enviadas a los Estados Unidos para ser “estudiadas” y catalogadas. Aquellos estudios debían ir bastante lentos pues ninguno de los artefactos encontrados regresó al Perú. Ahora, justo después de cien años, en marzo de este año, han empezado a ser devueltos al país propietario los bienes arqueológicos expoliados.

Ahora el Machu Picchu es un magnífico destino turístico, el cual se puede visitar en cualquier época del año. Tras numerosos trabajos de restauración, que aún no han terminado, las ruinas se pueden recorrer de un extremo a otro del lugar arqueológico. En 1983, la Unesco incluyó el Machu Picchu como Patrimonio Mundial. Muztag Viajes prepara diferentes salidas y programas, algunos de ellos a medida, que permiten visitar las mejores restos dejados por los incas en Perú, así como el trekking del Camino del Inca, el cual permite llegar seguir a pie parte de la ruta que seguían los incas cuando iban desde Cusco a la ciudadela, atravesando paisajes de ensueño.