En 2007, una votación global por Internet dictaminaba cuáles serían las nuevas Siete Maravillas del Mundo Moderno (de las antiguas maravillas aún permanece en pie la gran pirámide de Giza en Egipto). Los lugares escogidos por los electores planetarios fueron: el Taj Mahal (India), Chichén Itzá (México), el Coliseo de Roma (Italia), la escultura del Cristo Redentor de Río de Janeiro (Brasil), la Gran Muralla (China), las ruinas de Petra (Jordania) y el Machu Picchu (Perú).
La ciudadela inca de Machu Picchu ha estado recientemente de celebración. La efeméride de su “descubrimiento”, el 24 de julio del año 1911, ha vuelto a poner las ruinas andinas en la primera página de periódicos y revistas durante los actos del centenario.
El Machu Picchu es uno de esos contados lugares del Planeta que se pueden considerar de visita imprescindible. Esto viene a significar que siempre está repleto de turistas y que los precios están a la altura de la importancia del monumento. Todos aquellos que todavía no las hayan visto, sin embargo, que no se asusten. Es cierto que hay multitudes de visitantes, pero en un emplazamiento tan amplio, casi no molestan. Y los precios, es cierto que son caros (el autobús de acceso, la entrada, si alguien se quiere alojar en el único hotel que hay en las mismas ruinas), pero en el resto de lugares cercanos al Machu Picchu las tarifas que se pagan son bastante equitativas.
Uno de los atractivos de Machu Picchu es su ubicación y el entorno que le rodea. Otros alicientes importantes son la historia que guarda, con las dudas de lo que fue y lo que no fue, y sobre todo, la magnificencia de las ruinas. Para ver esta maravilla hay que irse a Perú, en concreto hacia el sur, en la provincia de Urubamba, unos 130 km al noroeste de Cusco. El conjunto arqueológico se extiende entre Cerro Huayna Picchu (2667 m) y Cerro Macchu Picchu (2795 m), ocupando un amplio rellano situado a 2.438 metros de altura y las pendientes que se vuelcan sobre un gran meandro que forma el río Urubamba (también se le conoce como río Vilcamayo), que discurre casi 500 metros por debajo.
El entorno montañoso, la altura moderada y la proximidad con la selva amazónica hacen que esa región disfrute de un clima excelente. Quizá por eso el Inca Pachacútec eligió este lugar para construir un asentamiento para la nobleza. La situación casi inexpugnable del lugar determinó que el Machu Picchu sería además un buen refugio en caso de que las poblaciones habitadas del valle de Urubamba, más popularmente llamado el Valle Sagrado de los Incas, cayesen en manos enemigas. Lo cierto es que entre los años 1450 y 1532 la ciudadela fue el lugar más secreto donde residían y se escondían los aristócratas. Templos, plazas, edificios de viviendas, las casas dedicadas a las Acllas (las mujeres escogidas como servidoras del dios Sol), fueron ocupando toda la superficie de la loma, y siguieron bajando hacia los acantilados formando terrazas unidas por largas escalinatas. Todo aquel esplendor terminó cuando Cusco cayó en manos españolas, a partir de entonces fue cuando realmente el Machu Picchu sirvió de refugio. La detención y ejecución del último caudillo inca Túpac Amaru, en 1572, significó el principio del fin del Machu Picchu, pues fue abandonada de forma paulatina. La vegetación ocupó las terrazas y edificios y la que había sido el portento de la arquitectura inca y lentamente pasó a ser una ciudad fantasma y olvidada.
El redescubrimiento se produjo oficialmente cuando el científico norteamericano Hiram Bingham pudo penetrar en las ruinas e iniciar de esta manera las prospecciones arqueológicas de la mano de la Universidad de Yale. En aquellos estudios iniciales se hicieron grandes hallazgos, y casi cincuenta mil piezas fueron enviadas a los Estados Unidos para ser “estudiadas” y catalogadas. Aquellos estudios debían ir bastante lentos pues ninguno de los artefactos encontrados regresó al Perú. Ahora, justo después de cien años, en marzo de este año, han empezado a ser devueltos al país propietario los bienes arqueológicos expoliados.

Ahora el Machu Picchu es un magnífico destino turístico, el cual se puede visitar en cualquier época del año. Tras numerosos trabajos de restauración, que aún no han terminado, las ruinas se pueden recorrer de un extremo a otro del lugar arqueológico. En 1983, la Unesco incluyó el Machu Picchu como Patrimonio Mundial. Muztag Viajes prepara diferentes salidas y programas, algunos de ellos a medida, que permiten visitar las mejores restos dejados por los incas en Perú, así como el trekking del Camino del Inca, el cual permite llegar seguir a pie parte de la ruta que seguían los incas cuando iban desde Cusco a la ciudadela, atravesando paisajes de ensueño.























