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EL PARQUE NACIONAL CHITWAN – NEPAL mar 28

Si alguien nos dice que ha pasado sus vacaciones en Nepal, la primera imagen que nos viene a la cabeza es que ha estado en un país lleno de exotismo y color, pero sobre todo rodeado por las montañas más altas de la Tierra, caminando arriba y abajo por senderos empinados, y en un ambiente frío y hostil. Pero si esa persona nos dice que en su viaje se ha limitado a visitar el Terai nepalí y en concreto el parque nacional de Chitwan, será cierto que ha estado en un lugar rebosante de color y exotismo, en cambio, nada de montañas, ni subidas ni bajadas, y mucho menos frío. Y es que el Terai es bien distinto a la franja norte de Nepal (la que se ubica a los pies del Himalaya). El Chitwan se encuentra en una zona de llanuras, con buena parte de su territorio tan llano como la palma de la mano, con temperaturas altas, una vegetación selvática y la fauna propia de este ecosistema.

¿Nos perdemos algo interesante si en un viaje a Nepal dejamos de visitar esta zona baja? Pues en mi opinión, sí. Y hay bastantes argumentos para recomendar una estancia en el Terai, aunque sea corta.

Sin lugar a dudas los principales alicientes de Nepal son el valle de Katmandú, la zona de Pokara y toda la cordillera del Himalaya, incluyendo el Dolpo, el reino prohibido del Mustang y todos y cada uno de los trekkings que discurren por las montañas. Pero, el complemento perfecto a caminar por las alturas es la visita al parque nacional de Chitwan.

El parque nacional de Chitwan es bastante grande, ocupa una superficie de 932 km2, y se extiende entre la frontera con India al sur, los ríos Narayani y Rapti al norte y al oeste, y por el este limita con la reserva de vida salvaje de Parsa. Una parte de los límites con la India se corresponden con el parque nacional Valmiki, una reserva dedicada a la conservación del tigre de Bengala. Las partes más elevadas del Chitwan son unos cerros llamados Churia, que apenas pasan de los ochocientos metros de altura y que son parte de la cordillera Siwailik, tímida avanzada hacia el sur del Himalaya. El resto del Chitwan se encuentra entre los cien y ciento cincuenta metros de altura.

El clima de la región es entre subtropical y tropical, afectado por los monzones. Entre los meses de junio y principios de octubre, pueden caer hasta 2.500 mm de precipitación, en lluvias torrenciales que muchas veces llegan a alterar los cursos de los ríos y provocar grandes inundaciones. Las temperaturas varían según la estación, así, entre octubre y febrero se da una media de 25 º C, a partir de marzo la temperatura va aumentando hasta los 36 º C de media en junio y con puntas que llegan a los 43 º C. La mejor época para visitar el parque es de octubre a mayo. Si el objetivo es la observación de aves, conviene visitar Chitwan entre los meses de diciembre y marzo.

Este fue el primer parque nacional de Nepal, en 1973, en aquellos tiempos se llamaba Royal Chitwan (Chitwan significa el corazón de la selva), pero desde principios del siglo XIX ya era un territorio preservado y se utilizaba como terreno de caza de la familia real nepalí. El año 1984 fue inscrito en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco.
Aparte del obligado recorrido por la selva, ya sea a lomo de elefante o surcando en canoa alguno de los ríos del parque, también es muy interesante visitar alguna de las comunidades indígenas que viven establecidas en las zonas limítrofes. El grupo étnico originario del Terai es el de los tharu, a los que se les considera ascendientes de Siddharta Gautama, el fundador del budismo, el cual era originario de Lumbini, lugar no muy alejado del parque Chitwan. Los poblados tharu son agradables y su gente se muestra muy hospitalaria hacia los visitantes. Su principal trabajo es la agricultura y la ganadería, y unos cuantos trabajan en el sector turístico. Lo que más llama la atención de esta etnia es el hecho de que sean en su mayoría inmunes a la malaria (también llamada paludismo). Es gracias a esta adaptación que pudieron sobrevivir a lo largo de los siglos en una zona donde abundaba el mosquito anopheles. Era tal la agresividad de estos mosquitos transmisores de la enfermedad que toda la gente de otras etnias que se atrevía a establecerse en el Terai, acababa enferma de paludismo y fatalmente moría. En la década de los años sesenta del siglo pasado, el gobierno nepalí hizo fumigar las selvas y humedales del Terai con DDT, con ello se pudo combatir y casi eliminar la presencia del mosquito anopheles, a cambio lo que se produjo fue la contaminación de los sistemas fluviales y también afectó a personas y animales con la bioacumulación de este producto al entrar en la vía trófica. Los efectos fueron desastrosos, pues a muchas especies les afectaba el sistema inmunológico. Parece ser que uno de los animales que peor soportó los efectos del DDT fue el rinoceronte de un cuerno; de los 800 ejemplares que había en el año 1950, estuvo a punto de desaparecer del parque. El otro efecto derivado de la eliminación de la malaria fue que abrió la puerta a la entrada de gente de otras etnias. Así, en pocas décadas llegaron colonos que se fueron instalando en las tierras fértiles hasta entonces territorio único de los tharu.

El cultivo del arroz, el maíz y la recolección de mostaza son algunas de las principales actividades agrícolas, también está ganando terreno el desarrollo de la floricultura. La apicultura y las granjas dedicadas a la cría de pollos son otros aspectos comerciales explotados en la región.

El turismo comenzó a llegar a Chitwan hacia mediados de la década de los setenta del pasado siglo, desde entonces ha crecido mucho el número de visitantes, ahora se calculan más de setenta mil personas al año. Este número es asumible tanto para el ecosistema como para las infraestructuras y de momento, cuando paseamos por el parque, no se da la sensación de encontrarnos en un lugar demasiado apretado de turistas, sino más bien lo contrario. Dentro del parque hay siete establecimientos autorizados como lodge para acoger visitantes, pero la mayoría de establecimientos se encuentran ubicados en la zona de amortiguamiento del parque, sobre todo en el entorno de Sauraha, donde está el centro de visitantes. Estos centros turísticos ofrecen entre otros el servicio de pensión completa, guías especializados, recorridos en elefante, canoa y 4×4 y la observación de aves. Hay otras atracciones, destacando el centro de cría de elefantes de Khorshor y el centro de cría de gaviales.

El Chitwan ostenta el récord asiático de producción de biomasa, calculándose 18.950 kg/km2. Esta cifra es la asociación compuesta de ungulados salvajes, bosques y hierba alta, acercándose a las tasas de biomasa que producen algunos de los parques y reservas de África Oriental. Un 80% del parque está recubierto por bosques de árboles sal (Shorea robusta), también crecen coníferas y palmeras, el resto son zonas de pasto. En los pastos destaca la hierba de elefante (Saccharum spp), la que crece incluso por encima de los cinco metros.

La fauna es la joya del parque. Se contabilizan hasta cincuenta especies de mamífero y cincuenta y cinco de anfibios y reptiles. El censo de aves ha llegado a las quinientas veinte y cinco especies, muchas de ellas migratorias. De todos los animales, el más espectacular de observar es sin duda el rinoceronte asiático de un cuerno (Rhinoceros unicornis). Ahora la especie está protegida al máximo y se ha llegado a los quinientos ejemplares y es fácil de ver. Sin embargo, el año 2002 los furtivos mataron 37 animales para poder cortar los cuernos. Los elefantes salvajes son más difíciles de observar y aún más, casi imposible, es poder ver alguno de los pocos ejemplares de tigre real de Bengala (Panthera tigris). Los tigres, que necesitan un gran territorio de caza, se esconden en las zonas más alejadas del parque, donde raramente llegan los turistas. Otro animal raro y en peligro de extinción es el gavial (Gavialis gangeticus), si bien durante una visita resulta extremadamente difícil ver alguno de estos extraños saurios, siempre queda la opción de acercarse al centro de cría para poder su observación de cerca.

Como ya os podéis imaginar, o si ya habéis estado alguna vez recorriendo una reserva de vida salvaje, la observación de determinadas especies es fruto a veces en parte de la suerte y también de la profesionalidad de los guías. Puede que en las visitas que he hecho en el parque, se han aunado la suerte y un buen guía, lo cierto es que desde lo alto del elefante o navegando en canoa, he podido observar los raros ungulados llamados gaur o bisonte indio (Bos gaurus), bovino asiático de grandes dimensiones, una especie amenazada y que en Chitwan tiene una destacada presencia. También he podido ver el sambar (Cervus unicolor) y el cocodrilo de los pantanos (Crocodylus palustris). Lo que hasta ahora ha sido imposible ha sido ver un tigre en libertad. Ojalá cuando alguno de vosotros tenga la oportunidad de ir a Nepal y visite el Chitwan, pueda disfrutar del espectáculo de tantos y tantos animales en libertad.

La agencia de viajes Muztag le ofrece la posibilidad de organizarse estancias en la selva de Chitwan en sus programas a medida, como complemento de los trekkings y expediciones por el Himalaya.

 

 

NEPAL, el país donde las montañas son diosas oct 03

Hemos entrado en otoño, la mejor época del año junto con la primavera para dirigir nuestros pasos hacia el Nepal. Pero ¿por qué Nepal y no otro destino?

Si nos lo miramos fríamente Nepal no parece ser el lugar más conveniente. Es uno de los países más pobres del mundo (su agricultura es de subsistencia y no tiene casi recursos naturales para explotar) con infraestructuras malas. Carreteras imposibles donde los recorridos se computarán por horas y no por kilómetros. Aeródromos donde a menudo no pueden aterrizar los aviones por causas climáticas. Hay frecuentes cortes de electricidad en la capital. Menudean los conflictos sociales. Y así un largo etcétera de problemáticas inherentes al tercer mundo y las de un pueblo que hace poco ha salido de una guerra civil y que acaba de poner fin a una monarquía enquistada. Este panorama, a priori poco adecuada para los viajes tiene otra cara, la positiva, la cual supera con creces todos los defectos que le podamos encontrar en Nepal.

El territorio nepalí de forma rectangular y se encuentra entre dos gigantes, la India al sur y China al norte. Tiene una superficie similar a Andalucía y Extremadura juntas. La geografía marca tres regiones bien diferenciadas. Al sur está la llanura de Terai, la zona media del rectángulo es ocupado por las cordilleras bajas (hasta unos 3.000 m de altura) y toda la parte norte está formada por las elevaciones del Himalaya. La población es de 29 millones de habitantes, que viven en su mayoría en las cordilleras bajas y el Terai. La capital, Katmandú con un millón ha cuadruplicado sus habitantes en los últimos veinte años.

Pero, ¿qué cosas nos ofrece Nepal diferente a otros destinos y que merezcan de verdad una visita? En primer lugar está la extraordinaria gente nepalí. Gente risueña, comunicativa y amable. Un mosaico de pequeñas culturas se extiende por todo el país. La difícil geografía ha  creado pequeñas islas donde se han ido desarrollando grupos humanos con costumbres, lenguas e incluso creencias religiosas diferentes. Por todas partes se descubren los rasgos de la profunda espiritualidad del pueblo nepalí, donde predomina el hinduismo excepto en las montañas donde la mayoría es budista, pero en numerosas ocasiones se confunden ambas religiones compartiendo festividades y ritos. Y es una tierra cargada de exotismo. De los paisajes se podría escribir mucho, son prodigiosos. Desde las llanuras húmedas y las selvas del Terai a los majestuosos picos del Himalaya. De las 14 montañas de más de ocho mil metros 8 están en Nepal, con el Everest -Sagarmatha para los nepalíes- como la cumbre más alta del planeta.

Nepal estuvo cerrado a los extranjeros hasta el año 1950. Una vez se abrieron las fronteras de este paraíso prohibido no tardaron en llegar los mejores alpinistas europeos. La pugna iniciada antes de la II ª Guerra Mundial, para conseguir los cima más alta del mundo, que tenía poco de deportiva y más de política, pudo proseguir al quedar libre la vía de Nepal al tiempo que se cerraba el acceso por el Tíbet. Y así en poco tiempo comenzaron a conquistar, primero el Annapurna el mismo 1950, por un equipo francés y en 1953 los británicos alcanzaban el Everest. Con diez años más acabarían siendo hollados los 14 ochomiles. Los siguientes en “descubrir” aquellas tierras fueron los hippies. Aquella generación “de antisistemas” pacifistas de los años sesenta encontraron su Shangri-La, donde podían combinar su gusto místico por el orientalismo, la tranquilidad del primitivo Katmandú y el fácil acceso a las drogas.

Contemporáneo al movimiento hippie, se inicia otra llegada de extranjeros en Nepal. Son los practicantes del trekking. La modalidad de hacer largas caminatas -de varios días de duración-por espacios naturales, encuentran en el país del Himalaya el mejor escenario posible. Aún hoy en día Nepal es el principal destino mundial del trekking. Con el tiempo se han ido creando rutas por toda la geografía nepalí, algunas son para gente muy preparada dada la longitud, altura alcanzada y dificultad del terreno como puede ser el trekking del Rolwaling que alcanza una altura de 5.755 m. Hay trekkings de pocos días de duración y bien fáciles al no haber grandes alturas a superar. Otros son rutas que se han convertido en míticas como el del Annapurna, recorrida por 30.000 “trekkers” anuales. Y por encima de todos está el trekking al Everest, el cual sigue la ruta de aproximación al gigante seguida por las primeras expediciones.

Las facilidades que siempre han ofrecido los trekkings son parte del éxito. A las virtudes del país ya comentadas (paisaje, gente, exotismo,…), hay que sumar la buena labor de los nepalíes cuando organizan los trekkings. Ya sea siguiendo un trekking con acampadas diarias o aprovechando las ventajas de los lodges (alojamientos básicos de montaña), los caminantes siempre se sienten en las buenas manos de los porteadores, cocineros y guías, los cuales se esfuerzan al máximo para que los clientes estén bien atendidos.

Cuando alguien desee ir a Nepal, además de todas las grandes cualidades y pocos defectos que presenta el país al visitante, encontrará otro aspecto que quizá le sorprenderá: en Nepal muchas de las montañas son diosas. Las grandes alturas siempre han influenciado, para bien o para mal, a la gente que ha tenido que vivir a sus pies. Los nepalíes, con sus creencias y respeto por las grandes montañas les ha llevado a situar sus deidades en la cima de muchas de ellas. Así, el Sagarmatha (Everest) es la diosa Madre de la Tierra – para los budistas – o Parvati, la diosa de la montaña –para los hinduistas -. El Pumori, una montaña de siete mil metros situada muy cerca del Everest es la Hija de la Madre. El Annapurna es la diosa de las Cosechas y el Cho Oyu la diosa Turquesa. El pico Machapuchare, inconfundible por su forma de cola de pescado, es el Trono de Shiva y por ser un lugar tan santo no está permitido escalarlo. El pico Baruntse Noroeste, también conocido como Kali-Himal es donde habita Kali y en la cima del Gauri Shankar es donde residen la diosa Gauri y su esposo.

Son tantos los atractivos que guarda el Nepal, que en este relato me he quedado corto. Si sentís la tentación de visitarlo no dudéis, os espera uno de los lugares más sorprendentes del mundo.