A muchos viajeros les ha pasado por la cabeza alguna vez realizar un viaje a Irán, pero prevenciones de todo tipo han dado al traste con la idea. Es cierto que la situación política iraní es compleja, y además la República islámica se basa en los principios del Corán, recogidos en la Sharia (ley islámica) y eso impone cierto respeto a mucha gente en los momentos actuales, y obliga a seguir ciertas normas, algunas bastante antipáticas como la vestimenta femenina. Y para enmarañar todavía más las posibilidades de un viaje, nos han impuesto la idea de que Irán es uno de los países que conforman el “Eje del Mal”. Pero también es cierto que aquellas personas que se han atrevido a viajar a Irán han regresado muy satisfechas de la experiencia. Y es que un viaje a la vieja Persia permite descubrir a un pueblo acogedor y excelente, con lo cual se desmontan muchos tópicos y además se pueden admirar muchos monumentos fuera de serie.
Irán, el país de los Persas, se sitúa en el sudoeste de Asia. Se encuentra en el centro de la encrucijada formada por el mundo árabe, el de las grandes estepas y el subcontinente indio. Dos mares bañan sus costas. Al norte el Caspio, por el sur las aguas del océano Índico repartidas entre el gofo de Omán y el golfo Pérsico. Buena parte del territorio está formado por una meseta árida. La cordillera Elburz se sitúa paralela a la orilla del Caspio y sus más de cinco mil metros de altura son una barrera infranqueable para los vientos húmedos procedentes del norte. A poniente se alzan los montes Zagros. El clima continental árido y semiárido comporta veranos muy calurosos e inviernos rigurosos y fríos. La nieve cubre todo el norte y parte del oeste del país. Durante el resto del año las temperaturas son suaves. La llanura situada entre el Caspio y los montes Elburz es la única zona húmeda, con un clima templado y suave.
La mayoría musulmana profesa el islam según el orden chiíta. Un pequeño porcentaje sigue el islam sunita, otra minoría es la de los zoroastrianos. Hay minúsculas comunidades cristiano-armenias y judías.
Los persas son de origen ario y representan el 65% de la población iraní. Un 20% son turcos iraníes y armenios, el 7% son kurdos y sólo el 3% son árabes. Otro 5% es el formado por poblaciones de luros, turcomanos, baluchis, bakhtiaris, afshars, guilaks, qashqais y shahsevans.
Hace cinco mil años se fundaron las primeras ciudades bajo el reinado de Elam, Susa fue su capital. Las tribus hurritas habitaban el noreste y el centro fue ocupado hace tres mil años por tribus indoiranias (arios): medos y persas.
Ciro II el Grande (599-529 a. de C.) funda el imperio aqueménida, sus dominios abarcaban desde el actual Afganistán hasta el Mediterráneo. El año 521 a. de C. Darío I es proclamado Rey de Reyes. Estableció su capital en Persépolis. Sufrió un gran revés en la batalla de Maratón cuando intentaba dominar a los atenienses, a pesar de la derrota su imperio iba desde Egipto al Danubio y del mar de Aral al río Indo.
El hijo de Darío, Jerjes, derrotó a los griegos en la batalla de las Termópilas y ocupó Atenas. Alejandro el Magno acabó con el poderío aqueménida y dejó un vacío de poder que fue ocupado por los seleucidas y los partos. Bajo los sasánidas (224-642) el imperio persa volvió a articularse y hubo un prolongado período de estabilidad que se truncó con la invasión árabe.
Los selyúcidas, tribus de origen turcomano se hacen con el poder entre el siglo XI y el XIII. El imperio es destruido por los jinetes mongoles de Gengis Khan (1206). Una nueva oleada de invasores llega de la mano de Tamerlán (1380).
La dinastía Safávida (1501-1736) supo reorganizar el país, enriquecerlo y embellecer las ciudades. Los qadjars (1779-1925) mantuvieron la unidad persa a pesar de las amenazas de las potencias imperialistas como la Rusia zarista e Inglaterra.
Los Pahlevi (1925-1979) fueron la última dinastía persa, adoptaron las costumbres occidentales. Alianzas con los EEUU y un sistema represivo llevaron a la Revolución Islámica de 1979 dirigida Ayatolá Jomeini.
Una cruenta guerra enfrentó a Irán e Irak (1980-1988) con un saldo superior al millón de víctimas.
Tras la muerte de Jomeini se reformó la Constitución. El sistema de república islámica controlado por el líder supremo espiritual sigue vigente. Existieron algunos signos de aperturismo político auspiciados por el presidente Khatami, pero con la subida al poder de Ahmadineyad se fueron al traste todas las esperanzas de cambio político.
Si hay un país al que debemos acudir sin ideas prefijadas este es Irán. Dejémonos sorprender y seducir por todo lo que encontremos para poder descubrir la esencia y el misterio de la antigua Persia. Los iraníes son muy comunicativos. Hombres y mujeres se esforzarán para poder hablar con el extranjero, aunque sea en signos. El carácter sensible, bondadoso y siempre dispuesto a ayudar, facilita el acercamiento. Sin dudas es la hospitalidad y cortesía de los iraníes lo que más impacta al visitante. La afabilidad es norma y virtud de toda la población.
Amantes de la arqueología y del arte quedarán admirados ante el legado histórico que ha dejado el imperio persa a lo largo de los siglos y algunos de los mejores logros de la arquitectura islámica. Los viajeros gozarán del privilegio de ser testigos de la herencia de una de las más viejas civilizaciones. En cualquier rincón son visibles los rastros del rico pasado.
Lugares míticos como Susa o Persépolis emocionan. Isfahán, Yazd, Shiraz y la misma Kermán evocan los tiempos en que la Ruta de la Seda era la vía de comunicación y comercio más importante del mundo.
El visitante encontrará el escenario auténtico de los relatos de las Mil y una Noches. El exotismo rebosa en muchas ciudades con sus imponentes palacios y mezquitas. La verdadera vida está en sus bazares. Una de las mejores experiencias es despreocuparse y perderse entre la maraña de callejuelas y pasajes de cualquiera de los grandes bazares. Al salir del laberinto habremos sabido captar mejor la identidad del pueblo iraní, entonces el reposo en una casa de té será la culminación de la inmersión en ese peculiar mundo oriental.
Las mejores épocas para visitar Irán son primavera y otoño.





