El viaje de exploración alrededor del mundo del barco británico HMS Beagle duró cinco años. A bordo iba el joven científico Charles Darwin, invitado por el capitán FitzRoy para ayudarle en los trabajos geológicos y topográficos. En el transcurso de la expedición Darwin hizo investigaciones en numerosos lugares, pero ninguno resultó tan significativo como el estudio de las especies de la fauna de las islas Galápagos. Y poco podía pensar Darwin que su corta estancia en el archipiélago, los meses de septiembre y octubre de 1835, deberían conllevar un cambio tan radical en sus ideas y que trastornó todas las teorías existentes hasta entonces sobre la permanencia de las especies.

La primera isla visitada por Darwin fue la de San Cristóbal, a los seis días se trasladó a la de Floreana. En ambas se concentró en la tarea de describir el paisaje incluyendo observaciones geológicas, la flora y observar pinzones y tortugas. Jornadas más tarde navegó hasta la isla Isabela. Allí cambió las prioridades en su trabajo de campo. Acababa de darse cuenta de que la fauna que le rodeaba tenía algo de peculiar, era similar a la de las islas anteriores, pero no igual, además había aspectos en los animales que le resultaban chocantes.
Darwin se extrañó de la ausencia de mamíferos. Quedó perplejo al ver que que las aves y los reptiles no escapaban a su paso, hasta el punto de dejar escrito en su diario que con un bastonazo podía hacer caer cualquier pájaro de una rama o incluso, algunos de ellos se atrevían a poner en su espalda. Otra cosa que despertó su curiosidad era la presencia de tortugas gigantescas y saurios desconocidos. Desde ese momento dedicó buena parte de los esfuerzos a recoger ejemplares de fauna. Especialmente concentró sus observaciones en la familia de los pinzones (Fringílidos), los bufones (Mimidae) y de las tortugas gigantes (Geochelone elephantophus), sin olvidarse de investigar las iguanas marinas (Amblyrhynchus cristatus). La atención fue tan febril que se olvidó de etiquetar convenientemente los pinzones y este hecho lo habría de ayudar años más tarde, en su teoría de la evolución de las especies.
Cuando Darwin volvió a Gran Bretaña seguía convencido de que las especies eran inmutables. Tuvieron que pasar algunos años de profundos estudios de las muestras y animales recogidos en las Galápagos para empezar a hacerse una idea de lo que debería ser su revolucionaria teoría. Es conocido el testimonio aparecido en una carta cuando ya tenía 68 años: – Cuando era a bordo del Beagle creía en la durabilidad de las especies, pero hasta dónde puedo recordar, algunas dudas imprecisas me habían rondado por la cabeza. De regreso a casa, en otoño de 1836 empecé a preparar la publicación de mi Diario y fue entonces que me di cuenta de muchos hechos que indicaban que muchas especies venían de una descendencia común. Así, en 1837 iniciaba un cuaderno donde escribiría cualquier hecho que hiciera referencia a la variabilidad. Pero no me convencí de que las especies fueran mutables hasta, creo, pasados dos o tres años -.
Los trabajos en el laboratorio se basaron sobre todo en los pinzones, ayudado por el ornitólogo John Gould. Del bullicio de pájaros no etiquetados llegan a discernir 13 especies. Todos los pinzones eran parecidos a los que se encuentran en el continente americano pero con facciones diferentes y hábitos alimentarios igualmente diferentes y lo que más intrigaba a Darwin era el problema de la distribución.
La historia geológica de las Galápagos fue una de las premisas utilizadas para afirmarse en la teoría de la evolución. El origen es volcánico, primer fruto de erupciones bajo el mar y luego en superficie. Los volcanes acumularon materiales sobre una plataforma poco profunda en la cordillera submarina Carnegie. Hace unos cinco millones de años emergieron las islas más antiguas y las más nuevas en hace sólo un millón. El archipiélago nunca había estado en contacto con el continente.
El estudio de los pinzones sirvió de base de la teoría darwiniana: algunos ejemplares de fringílidos llegados a las islas se dispersaron adaptándose a diferentes nichos ecológicos, creando varias poblaciones distintas. Con el tiempo cada población fue evolucionando hasta convertirse en las diferentes especies de pinzones de Darwin. La diversidad de estas aves se debe a la estructura del pico y los hábitos alimentarios. Según lo que comen tienen un tipo de pico y su alimentación varía en cada especie. Los hay que son insectívoros, otros comen semillas, garrapatas de tortugas, hojas, flores, e incluso hay una especie que bebe sangre de las aves marinas. Las dos especies que han adoptado una alimentación más sofisticada son las que utilizan ramitas o púas de cactus para extraer insectos de la corteza de los árboles, caso insólito entre las aves.
Las observaciones de las tortugas fueron menos precisas que las de los pinzones, pues se llevó sólo unos pocos ejemplares. Estudios posteriores han llegado a la conclusión de que hay dos especies y un total de catorce variedades. Mientras que las mismas especies de pinzones pueden encontrarse, con excepciones, en varias islas, las tortugas son diferentes en cada isla. Se da el caso de que la isla Isabela hay cinco variedades de tortuga, cada comunidad está separada por terrenos de lava volcánica impracticables.
Han pasado 176 años desde la visita de Darwin. Las islas han visto cómo se establecían colonos procedentes del continente, que empezaron a labrar la tierra y a introducir nuevas plantas y animales ajenos. Últimamente, el turismo ha empezado a llegar desde todo el mundo. De todas estas novedades, las que parecen más peligrosas para el equilibrio ecológico son las derivadas de los colonos, con ellos llegaron los depredadores, lo peor la cabra, que cambió la fisonomía vegetal de alguna isla. Los gatos y las ratas se han convertido en enemigos de las iguanas y tortugas jóvenes. Las plantas introducidas son una plaga, en especial la morera (Rubus niveus). Personal del parque nacional dedica grandes esfuerzos en la lucha contra las especies más agresivas, ya sean vegetales o animales. En la Estación Biológica Charles Darwin en Puerto Ayora están estudiando el impacto que puede tener una mosca que se establece en los nidos de los pinzones, se desconoce cómo penetró en las islas y también y más importante como combatirlas, las larvas de estas moscas entran en la sangre de los pollos y llegan a matarlos.
Las regulaciones que afectan al turismo son estrictas. Hay islas donde está prohibido desembarcar, en otros sólo puede hacerlo un número limitado de personas al mes. En las zonas donde está permitida la vista, es obligada la presencia de un guía del parque nacional. Así los turistas, aunque pueden disfrutar del espectáculo de 27 especies de animales endémicas, 29 de indígenas y bastantes de migratorias, todas ellas siguen tan mansas como en los tiempos de Darwin.
Con colonos o turistas, las Galápagos son todavía un lugar fuera de lo común. Visitar el archipiélago es una de las experiencias más enriquecedoras para cualquier persona. Darwin, después de ver las islas dijo: – Ha sido el acontecimiento más importante de mi existencia… Un verdadero entrenamiento pues debía dedicar la atención a diversas ramas de la historia natural y eso me obligó a mejorar ya intensificar mis facultades de observación-.





