-¡Mira por dónde! ¿Quién me iba a decir que algún día lograría llegar a la cima de una montaña de casi seis mil metros? ¡Y que esta montaña sería un lugar tan emblemático como el techo de África! Estas pueden ser, más o menos, las reflexiones de una persona que acaba de bajar del Kilimanjaro; de una persona, normal, caminadora y excursionista, eso sí, pero lejos de pertenecer a la élite del alpinismo. Y es que plantearse alcanzar los 5.895 metros de altura de la cumbre del Uhuru (la cima Libertad), punto culminante del Kilimanjaro es un reto factible para casi todo el mundo que se lo proponga.
Para acercarnos a las míticas Nieves del Kilimanjaro, hay que viajar hasta Tanzania en la costa oriental africana. El punto de acceso más cercano es el aeropuerto KIA, junto a la ciudad de Arusha (tiene pocos vuelos desde Europa), también se puede llegar a través de los aeropuertos internacionales de Dar Es Salaam o el de Nairobi en la vecina Kenia. 
El nombre de la montaña, mejor dicho volcán, proviene seguramente de la palabra “Kilimangne”: Montaña del agua, en lengua masái, también podría ser que viniera del idioma chagga “Kilemieiroya”: la montaña invicta. De todos modos, los chagga a la montaña no la llaman Kilimanjaro, sino Kibo, que significa Montaña Blanca. El punto culminante es un pequeño promontorio situado unos 900 metros al suroeste del cráter y que fue bautizado como cima Libertad, en lengua suajili “Uhuru”.
Hoy las famosas nieves están desapareciendo de manera rápida y constante. En las últimas tres décadas la disminución de la superficie cubierta por glaciares es bien visible. Parece ser que esta drástica reducción de la zona innivada es consecuencia del cambio climático global pero también por el calentamiento progresivo del mismo volcán, lo que podría presagiar una futura erupción.

La ascensión al Kibo o Kili, no es difícil por ninguna de sus rutas, algunas son más técnicas que otras, pero en definitiva el único problema que presenta subir es el gran desnivel que hay que salvar en poco tiempo. Además las dificultades a superar están al alcance de todos si se saben hacer bien las cosas: un mínimo entrenamiento previo y sobre todo durante la ascensión realizar una buena aclimatación, esto significa ir muy poco a poco, alimentarse de manera correcta e ingerir mucho, mucho líquido. Otra ventaja que presenta el Kili es que no se necesita un equipamiento excepcional. Con la vestimenta que afrontamos cualquier cima del Pirineo a finales de otoño es suficiente. Otra ventaja es que en la ruta “normal”, la Marangu o también popularmente llamada ruta Coca-Cola, los emplazamientos de los refugios están en los lugares más idóneos, en unas cotas que permiten una ascensión escalonada y facilitan la aclimatación y el descanso, con unas mínimas de comodidades. En otras rutas se come y pernocta en tiendas de campaña.
La mejor época para acercarse a la gran montaña es desde primeros de enero a mitad de marzo y desde la segunda quincena de julio hasta septiembre. Hay que evitar el período de lluvias, que comprende los meses de abril, mayo y primera parte de junio. Noviembre y diciembre pueden ser irregulares, aunque sigue siendo posible la ascensión.
Los equipos de guías y porteadores que acompañan a los alpinistas suelen ser bastante buenos. Los guías y los que hacen de camareros sirviendo las comidas son las personas con las que los clientes tendrán más trato. Su dedicación y empeño hace que la subida sea más sencilla. Además, ¿sabéis la comodidad que representa llegar al refugio y tener la cena preparada?
Como se ha dicho antes, la ruta normal o Marangu es la más transitada y la que cuenta con la red de refugios que facilita la ascensión., Este itinerario comienza en la Mandara Gate (puerta de entrada al parque nacional del Kilimanjaro) donde hay que hacer algunos trámites burocráticos. La primera etapa, la que va desde la puerta de entrada al parque hasta refugio Mandara es de 890 metros de desnivel, y discurre por el interior de un bosque tropical húmedo. Se sube cruzando una flora lujuriosa y variada, con árboles cargados de lianas, líquenes y flores por todas partes. La fauna es más escurridiza, a veces es posible observar algunas familias de monos.
El refugio Mandara (2.750 m) está en un claro del bosque y cuenta con varias edificaciones donde siempre reina una considerable actividad debido a las expediciones que van llegando. Antes de ir a la cabaña asignada para dormir hay que registrarse en los rangers (operación que se repite en cada refugio). Una gran cabaña hace de comedor y debido a la cantidad de gente se realizarán turnos para comer.
La segunda jornada, en principio se parece a la precedente, pero al poco de andar se llega al confín de la selva. Justo en la zona de transición entre el bosque húmedo y el páramo hay la posibilidad de desviarse un poco de la ruta para subir al pequeño volcán Maundi. Desde este cráter se puede divisar a lo lejos el Kilimanjaro ya su lado la silueta inconfundible del Mawenzi, el torturado volcán vecino del Kili. Ahora la vegetación pasa a estar formada por arbustos y matorrales, sin faltar muchas variedades de flores.
Hacia el final de esta segunda jornada es cuando se ven los primeros senecios gigantes (Senecio keniodendron), planta de grandes dimensiones y especie endémica que sólo se encuentra aquí y el monte Kenia.
Después de unas siete horas de marcha y unos 15 km de recorrido se llega al emplazamiento del refugio Horombo a 3.720 m. En este lugar se permite pasar más de una jornada. Es bueno para la aclimatación aprovechar el tercer día de expedición para descansar un poco y dedicar el máximo esfuerzo en subir hasta la cota 4.000, justo en un lugar llamado Cebra Rock, donde la vista permite observar toda la subida al Kili.

La cuarta etapa es más exigente, no por la dificultad del terreno que en buena parte sube de forma constante pero suave. El obstáculo está en la altura y que ahora las temperaturas empiezan a ser bajas. El paisaje pasa de un curioso bosque de lobelias (Lobelia deckenii) a ser un desierto, casi lunar, donde ya no es posible encontrar agua potable.
Ahora es cuando se ven los primeros grupos que pagan los esfuerzos de jornadas anteriores y el haber aclimatado mal.
Después de cinco horas efectivas de marcha se divisa el refugio Kibo, a 4.703 metros. En este refugio es donde se viven las horas previas al ataque definitivo y donde de verdad se mide el estado de forma de los alpinistas. La corta noche (se va a dormir poco antes de las siete de la tarde y hay que levantarse hacia las once de la noche) pone en su sitio a todos. Descansar bien las pocas horas de las que se disponen es señal de que se han hecho la aclimatación de manera correcta y el éxito está muy cerca.
Un desayuno poco digerible a media noche, rumor de toses debidas a las gargantas resecas, alguna que otra migraña y también alguien que duda en salir o no después de un descanso difícil, es lo que espera a los alpinistas. Fuera hace fresco y muy pronto una hilera de lucecitas serpentea por la ladera empinada que conduce a Gilman’s Point, en 5744 metros, punto clave de la ascensión. Cuando se llega a Gilman’s Point es cuando se insinúan en el horizonte las primeras luces del nuevo día. Es el momento crucial de la subida. Este lugar se encuentra el filo del cráter. Hay expediciones que se dan la vuelta, con la excusa de que ya están arriba, pero aún queda más de una hora si lo que de verdad se quiere es llegar a la cima verdadera, el Uhuru.
Arriba sobre el cráter, el terreno se aplana. En la actualidad sólo quedan unos pocos glaciares y en un año normal se puede alcanzar la cumbre sin siquiera pisar nieve, caminando sobre greda volcánica. Y por fin, es cuando desbordan los sentimientos. ¡Qué sueño encontrarse allí donde nos habíamos propuesto, el punto más alto del continente africano!
En próximos post os iremos contando los mejores complementos turísticos para hacer de la ascensión al Kili un viaje redondo y completo. De hecho en un anterior post ya os habíamos hablado del parque del Serengeti.
En Muztag organizamos la ascensión al Kilimanjaro en diversas modalidades y siempre a partir de dos personas: por la vía normal, por la Machame, incluyendo la ascensión previa al Monte Meru (muy conveniente si se dispone de tiempo, pues permite una mejor aclimatación), con la visita a varios parques naturales. También os podemos ofrecer un programa hecho a medida, incluso desde una sola persona.

































