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NEPAL, el país donde las montañas son diosas oct 03

Hemos entrado en otoño, la mejor época del año junto con la primavera para dirigir nuestros pasos hacia el Nepal. Pero ¿por qué Nepal y no otro destino?

Si nos lo miramos fríamente Nepal no parece ser el lugar más conveniente. Es uno de los países más pobres del mundo (su agricultura es de subsistencia y no tiene casi recursos naturales para explotar) con infraestructuras malas. Carreteras imposibles donde los recorridos se computarán por horas y no por kilómetros. Aeródromos donde a menudo no pueden aterrizar los aviones por causas climáticas. Hay frecuentes cortes de electricidad en la capital. Menudean los conflictos sociales. Y así un largo etcétera de problemáticas inherentes al tercer mundo y las de un pueblo que hace poco ha salido de una guerra civil y que acaba de poner fin a una monarquía enquistada. Este panorama, a priori poco adecuada para los viajes tiene otra cara, la positiva, la cual supera con creces todos los defectos que le podamos encontrar en Nepal.

El territorio nepalí de forma rectangular y se encuentra entre dos gigantes, la India al sur y China al norte. Tiene una superficie similar a Andalucía y Extremadura juntas. La geografía marca tres regiones bien diferenciadas. Al sur está la llanura de Terai, la zona media del rectángulo es ocupado por las cordilleras bajas (hasta unos 3.000 m de altura) y toda la parte norte está formada por las elevaciones del Himalaya. La población es de 29 millones de habitantes, que viven en su mayoría en las cordilleras bajas y el Terai. La capital, Katmandú con un millón ha cuadruplicado sus habitantes en los últimos veinte años.

Pero, ¿qué cosas nos ofrece Nepal diferente a otros destinos y que merezcan de verdad una visita? En primer lugar está la extraordinaria gente nepalí. Gente risueña, comunicativa y amable. Un mosaico de pequeñas culturas se extiende por todo el país. La difícil geografía ha  creado pequeñas islas donde se han ido desarrollando grupos humanos con costumbres, lenguas e incluso creencias religiosas diferentes. Por todas partes se descubren los rasgos de la profunda espiritualidad del pueblo nepalí, donde predomina el hinduismo excepto en las montañas donde la mayoría es budista, pero en numerosas ocasiones se confunden ambas religiones compartiendo festividades y ritos. Y es una tierra cargada de exotismo. De los paisajes se podría escribir mucho, son prodigiosos. Desde las llanuras húmedas y las selvas del Terai a los majestuosos picos del Himalaya. De las 14 montañas de más de ocho mil metros 8 están en Nepal, con el Everest -Sagarmatha para los nepalíes- como la cumbre más alta del planeta.

Nepal estuvo cerrado a los extranjeros hasta el año 1950. Una vez se abrieron las fronteras de este paraíso prohibido no tardaron en llegar los mejores alpinistas europeos. La pugna iniciada antes de la II ª Guerra Mundial, para conseguir los cima más alta del mundo, que tenía poco de deportiva y más de política, pudo proseguir al quedar libre la vía de Nepal al tiempo que se cerraba el acceso por el Tíbet. Y así en poco tiempo comenzaron a conquistar, primero el Annapurna el mismo 1950, por un equipo francés y en 1953 los británicos alcanzaban el Everest. Con diez años más acabarían siendo hollados los 14 ochomiles. Los siguientes en “descubrir” aquellas tierras fueron los hippies. Aquella generación “de antisistemas” pacifistas de los años sesenta encontraron su Shangri-La, donde podían combinar su gusto místico por el orientalismo, la tranquilidad del primitivo Katmandú y el fácil acceso a las drogas.

Contemporáneo al movimiento hippie, se inicia otra llegada de extranjeros en Nepal. Son los practicantes del trekking. La modalidad de hacer largas caminatas -de varios días de duración-por espacios naturales, encuentran en el país del Himalaya el mejor escenario posible. Aún hoy en día Nepal es el principal destino mundial del trekking. Con el tiempo se han ido creando rutas por toda la geografía nepalí, algunas son para gente muy preparada dada la longitud, altura alcanzada y dificultad del terreno como puede ser el trekking del Rolwaling que alcanza una altura de 5.755 m. Hay trekkings de pocos días de duración y bien fáciles al no haber grandes alturas a superar. Otros son rutas que se han convertido en míticas como el del Annapurna, recorrida por 30.000 “trekkers” anuales. Y por encima de todos está el trekking al Everest, el cual sigue la ruta de aproximación al gigante seguida por las primeras expediciones.

Las facilidades que siempre han ofrecido los trekkings son parte del éxito. A las virtudes del país ya comentadas (paisaje, gente, exotismo,…), hay que sumar la buena labor de los nepalíes cuando organizan los trekkings. Ya sea siguiendo un trekking con acampadas diarias o aprovechando las ventajas de los lodges (alojamientos básicos de montaña), los caminantes siempre se sienten en las buenas manos de los porteadores, cocineros y guías, los cuales se esfuerzan al máximo para que los clientes estén bien atendidos.

Cuando alguien desee ir a Nepal, además de todas las grandes cualidades y pocos defectos que presenta el país al visitante, encontrará otro aspecto que quizá le sorprenderá: en Nepal muchas de las montañas son diosas. Las grandes alturas siempre han influenciado, para bien o para mal, a la gente que ha tenido que vivir a sus pies. Los nepalíes, con sus creencias y respeto por las grandes montañas les ha llevado a situar sus deidades en la cima de muchas de ellas. Así, el Sagarmatha (Everest) es la diosa Madre de la Tierra – para los budistas – o Parvati, la diosa de la montaña –para los hinduistas -. El Pumori, una montaña de siete mil metros situada muy cerca del Everest es la Hija de la Madre. El Annapurna es la diosa de las Cosechas y el Cho Oyu la diosa Turquesa. El pico Machapuchare, inconfundible por su forma de cola de pescado, es el Trono de Shiva y por ser un lugar tan santo no está permitido escalarlo. El pico Baruntse Noroeste, también conocido como Kali-Himal es donde habita Kali y en la cima del Gauri Shankar es donde residen la diosa Gauri y su esposo.

Son tantos los atractivos que guarda el Nepal, que en este relato me he quedado corto. Si sentís la tentación de visitarlo no dudéis, os espera uno de los lugares más sorprendentes del mundo.

 

ACONCAGUA ago 10

Cuando la mayoría de personas ya está en plenas vacaciones, otras acaban de regresar de viaje y unas cuantos más están a punto de marcha, hay un restringido número que, privilegiadas ellas, pueden tomarse  la época de descanso lejos de los meses estivales. Entre estos afortunados, un reducido grupo en estos momentos está entrenándose a tope para estarse en la mejor forma física, y es que su objetivo se llama Aconcagua.

El Aconcagua, con 6.959 metros de altura (6.962 m según los últimos datos proporcionados por satélites)  es la cumbre más alta de toda América y por tanto está incluida en la célebre lista de los “Seven Summits”. Se encuentra en la serranía de los Andes, en territorio de Argentina, en la provincia de Mendoza y casi fronteriza con Chile. La primera ascensión fue la de Mathias Zurbriggen (Suiza), el año 1897.

Dado que se ubica en el hemisferio sur, la mejor época para acceder al coloso es durante nuestro inverno, preferentemente entre diciembre y la primera mitad de febrero. Las inclemencias meteorológicas (vientos violentos, niebla, …)  y en especial la gran altura son los dos problemas que se presenten a los andinistas.

El acceso al campo base de la ruta normal se realiza primero en vehículo desde Mendoza hasta la entrada del parque Nacional del Aconcagua, situada muy cerca de Puente del Inca, antes, pero se acostumbra a pernoctar en la estación de esquí de Penitentes. Des el punto donde se encuentran los “rangers” o “guardaparques” (2.950 m) se inicia la caminata siguiendo el valle del río Horcones hasta l campamento de Confluencia (3.990 m). Aquí es aconsejable pasar un par de noches y aprovechar la estada para acercarse a Plaza de Francia (4.000 m) donde se tiene la mejor vista de la pared sur del Aconcagua. La siguiente etapa es la que acerca hasta el campo base más conocido como Plaza de Mulas (4.230 m), pasando por espectaculares paisajes y cruzando la indescriptible Playa Ancha, un amplio valle que remonta entre los 3.600 y 3.800 m.

De las diversas rutas para alcanzar la cumbre, la más concurrida es la que se suele nombrar “normal” o ruta de la arista norte, la cual sube desde el campo base de Plaza de Mulas hasta la Plaza Canadá (5.050 m), sigue por Nido de Cóndores (5.500) donde se acostumbra a colocar el segundo campamento. En el pequeñísimo y a menudo muy sucio refugio Berlín (5.930 m) – es mejor dormir con la tienda- es también utilizado por quienes realizan un tercer campo de altura. Después se pasa por el nuevo refugio de emergencias Elena Senin (6.000 m) instalado desde enero de 2011 en la zona llamada Cólera donde confluyen la ruta normal y la del glaciar de los Polacos, lugar donde se producían la mayoría de las víctimas al ser un punto perdedor en caso de niebla o mal tiempo. La ruta continúa por el destruido barracón del refugio Independencia (6.380 m). La ascensión sigue por la travesía del Gran Acarreo, pero para acceder a esta larga diagonal este-oeste, se debe pasar por unas grande rocas, es la emblemática Portezuela de los Vientos. Cuando se acaba el Gran Acarreo se encuentra la Cueva (6.650 m) lugar propicio para un breve descanso y recuperar fuerzas antes de afrontar la famosa y temida Canaleta. La Canaleta es una estrecha canal de piedras sueltas de bastante pendiente, si se encuentra cubierta por nieve es una suerte, pues entonces resulta fácil subirla con los crampones. Al final de la Canaleta ya encontramos la cresta o mejor dicho el Filo del Guanaco (6.850 m), cresta cimera que enlaza la cumbre norte (6.962 m) y la cumbre Sur (6.930 m), ambas cumbres quedan separadas por casi un quilómetro. Y ya finalmente se llega a la amplia cúspide, presidida por una pequeña cruz, bien repleta de banderas y ofrendas de todo tipo. Esta ruta normal se ve asediada cada año por más de tres mil personas y a pesar de no presentar dificultades técnicas puede resultar muy complicada; la niebla súbita con las consecuentes pérdidas de ruta, un descenso de temperaturas y el temido “soroche” o mal de altura, son los factores que determinan la mayoría de los abandonos. Desde Muztag recomendamos realizar una muy buena aclimatación, primero de manera relajada yendo desde Confluencia a Plaza Francia y después subiendo a alguna de las cumbres que se hallan entrono a Plaza de Mulas. La hidratación constante –hasta a siete litros diarios de líquidos- facilita también esta aclimatación. Además, si los médicos de Plaza de Mulas entienden que un andinista no está en condiciones, pueden obligarlo a descender, y la visita al médico del campo base es obligada antes de partir hacia la cumbre.

Para quienes estéis más en forma y queráis optar por rutas con dificultad, seguro que encontraréis el terreno apropiado, desde la ya citada ruta del glaciar de los Polacos a la temida y extrema pared sur, con rutas tan extremas como la llamada  la Ruleta Rusa.

MUZTAG ofrece sus servicios a todas aquellas personas que deseen subir al techo de América, por la ruta de los Polacos y sobretodo por la normal, tanto si se desea realizar de manera autónoma o guiada.