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NAMIBIA may 01

Uno de los últimos paraísos naturales de la Tierra

Cuando visitas el parque nacional del Serengeti o la reserva del cráter del Ngorongoro (ambos en Tanzania), muchas personas te dicen que nunca más verás junto un cúmulo tal de gran fauna, vayas donde vayas del planeta. Y tienen razón, en ningún lugar de la Tierra se puede observar un número tan elevando de mamíferos como allí. Por eso, cuando viajé a Namibia tenía el prejuicio de Tanzania. Es cierto, en esta parte de Sudáfrica observé menos animales. Buscaba los grandes rebaños de ñus y cebras y no los encontraba, en cambio descubrí unos paisajes fascinantes. También pude disfrutar de una manera diferente de observar los animales de como se hace en África Oriental. Y además, recorriendo el territorio de Namibia es posible observar especies totalmente distintas a la de los grandes parques de Kenia o Tanzania, como los elefantes del desierto, los Orix o los leones marinos de Cape Cross. Sin duda, recorrer Namibia es uno de esos viajes incomparables.

Namibia se sitúa al sur del continente africano y en la costa occidental. Los límites territoriales son al oeste el océano Atlántico, al norte Angola y Zambia, al sur Sudáfrica y al este Botsuana. Es un país bastante extenso, 825.418 km2, casi una vez y media la superficie de la península Ibérica, en cambio es uno de los territorios menos habitados del mundo, con dos millones doscientos mil habitantes, esto hace que la densidad sea del 2, 68 hab/km2, con menos concentración sólo se encuentra Mongolia.

El principal rasgo geográfico es la aridez del territorio, con la presencia de dos grandes desiertos. En la franja costera se extiende paralelo al océano y a lo largo de 1.300 kilómetros el desierto del Namib, famoso por sus dunas de arena roja, las más altas del planeta. Ocupando buena parte de la zona oriental se encuentra el desierto de Kalahari (la mayor superficie de este desierto se encuentra en Botsuana). Otro accidente geográfico muy curioso es el Okavango, un río que nace en Angola y se dirige hacia el interior del continente africano, cruza el noreste de Namibia y se interna en Botsuana donde forma un delta espectacular. Las aguas del Okavango desaparecen en el Kalahari. La climatología se caracteriza por la falta de lluvias, no llegando a los 50 mm anuales en la franja costera y como máximo se recogen 400 mm en la zona del Okavango.

Al hallarse en el hemisferio sur, las estaciones van a la inversa de las nuestras. Los meses con más estabilidad atmosférica son abril, mayo y junio. Es cuando las temperaturas son más agradables, con excepción de las noches en zonas elevadas, que pueden llegar fácilmente a los 0 º C. La temporada de lluvias se extiende entre los meses de octubre a febrero, entonces es cuando se producen chubascos repentinos y cuando algunos ríos que han permanecido secos durante casi todo el año, vuelven a llevar un poco de agua. Las temperaturas pueden llegar a ser muy altas, con excepción también de la parte montañosa del territorio, en la meseta central.

Diferentes tribus bosquimanas fueron las primeras en habitar, desde tiempos remotos, las áridas tierras de Namibia. Hacia el siglo XV llegaron procedentes del norte algunas tribus de origen bantú. Estos grupos étnicos se fueron extendiendo por todo el territorio y hoy en día los ovambo representan casi el 50% de la población, mientras que los bosquimanos apenas son el 2,8%. Los blancos, dominadores políticos hasta la independencia de Sudáfrica (1990), solo son un 6,5%, la gran mayoría de origen afrikaner y unos pocos de raíces alemanas. El resto de población la conforma un mosaico de una treintena de etnias, muchas de ellas con su propio idioma.
La presencia blanca se remonta al año 1840, cuando Prusia (después de 1871 el imperio alemán), se atribuyó la propiedad de Namibia. Al terminar la Primera Guerra Mundial fue Sudáfrica la que ocupó el territorio, manteniendo el dominio hasta marzo de 1990. Durante el mandato sudafricano se aplicó la política de discriminación racial “aparteid”.
Un aspecto, y bastante triste, que contradice el título del reportaje “uno de los últimos paraísos …” es que Namibia es uno de los países del mundo con la riqueza más mal repartida. A ello tiene que ver el largo dominio del vecino del sur y su dependencia económica. El paro supera de largo el 30%. Muchas tribus apenas salen adelante con la agricultura de supervivencia, en cambio la población blanca domina los principales recursos, la minería de diamantes (concentrada en la costa suroeste, y territorio prohibido incluso a los turistas), el uranio (uno de los principales exportadores mundiales) y la pesca marítima. El turismo ha ido ganando peso en la economía, cada año se construyen nuevos equipamientos de alto nivel a la hora que se refuerza el turismo sostenible.


Las atracciones turísticas son variadas en extremo. Windhoek, la capital de nombre casi impronunciable -nada que ver cómo está escrito-, está situada a 2.000 metros de altura y tiene unos 230.000 habitantes. Presenta un clima caluroso durante el día y fresco por la noche. La ciudad es la antítesis de cualquier capital africana. Ordenada, calles limpias, con poca gente circulando, casas bien pintadas, … En algunas zonas las reminiscencias coloniales alemanas te trasladan casi en Europa central aunque puedes llevarte alguna sorpresa. ¿Qué pasa si desde repente te encuentras un par de señoras vestidas como en la Alemania de finales del siglo XIX? No, no es carnaval, os habréis encontrado con mujeres de la etnia herero (nombre que proviene del español herrero, pues su oficio principal era el de herreros). La gente de este grupo, un 7% de la población del país, siguen vistiendo como hace dos siglos, con unos sombreros de tela muy característicos. Esta etnia sufrió lo que se considera el primer genocidio de África. En el año 1900 había unos 80.000 herero y se enfrentaron a los colonialistas germánicos. Los alemanes aplicaron con ellos la política de exterminio, y al cabo de cuatro años sólo quedaban unos 15.000. Profesan el luteranismo. Se pueden ver en la capital y sobre todo en las poblaciones importantes del norte.
Swakopmund es la segunda ciudad del país, con sólo 35.000 habitantes y situada en la costa. Se la considera por su arquitectura como uno de los mejor conservados núcleos coloniales alemanes del mundo.


La parte humana que más puede interesar al visitante se concentra en el norte del país, donde además de encontrar los ya citados herero, también se pueden visitar las comunidades himba. Estas tribus habitan la zona de Kaokoland en la provincia de Kunene. También fueron perseguidas y diezmadas por los alemanes a principios del siglo XX. Se considera que es la única etnia de Namibia que sigue viviendo igual que hacían sus antepasados. Las mujeres, vestidas sólo con una corta falda y muchos collares y brazaletes, cubren todo su cuerpo, incluyendo el cabello, con una pasta hecha de hierbas, mantequilla y un barro rojizo, parece ser que es para protegerse de los rayos del sol.
En el aspecto natural, Namibia nos muestra una cantidad y variedad de paisajes únicos. Al suroeste, encontramos varios cañones en el entorno de Solitaire, alguno de ellos con lagos escondidos en el interior de cuevas. Toda la región costera, desde la frontera con Sudáfrica hasta la frontera norte con Angola está presidida por el desierto del Namib, con dunas que llegan hasta a ras de mar. Se la denomina Costa de los Esqueletos, en parte por la gran cantidad de barcos que a lo largo de los años se ha ido quedando varados y abandonados. El motivo de tantos naufragios es debido a la presencia casi constante de una densa niebla sobre el mar, provocada por una corriente marítima muy fría. Bajo las montañas de arena del Namib, se dice que existe el mayor depósito de diamantes del planeta.
El mundo de las grandes dunas anaranjadas y rojizas es único e impactante. El acceso se suele hacer desde Sesriem y la mayoría de turistas sube a la Duna 45 (se dice 45 por estar a 45 km de Sesriem) para poder ver la salida del sol. Los más atrevidos pueden realizar la ascensión a alguna de las grandes dunas de Sossusvlei. Aquí está la de una “Big Daddy” y su pariente la Duna 7, considerada la más alta del planeta, ambas superan los 325 metros de altura. Buena parte de la costa central está protegida por el parque nacional Namib-Naukluft.
Si hemos empezado el itinerario por el sur, lo más oportuno es detenerse en las ciudades de la costa Walvis Bay y en especial a la ya mencionada Swakopmund. Camino hacia el norte se pueden ver unas raras reliquias prehistóricas todavía vivas; la extraña y curiosa Welwitschia mirabilis, es única en su género. Esta planta se alimenta del rocío nocturno y crece de manera muy lenta. Los pocos ejemplares que quedan en Namibia pueden llegar a tener hasta dos mil años.
En Cape Cross hay una gran colonia de leones marinos, los cuales se pueden ver de muy cerca. Es otro de estos aspectos chocantes que nos ofrece Namibia. Todo un espectáculo detenerse para ver jugar las crías de foca, observar cómo nadan salvando las grandes olas atlánticas.
Alejándonos de la costa podemos acercarnos a Spitzkoppe, un grupo de montañas graníticas que alcanzan los 1.700 metros de altura. El paisaje es idílico, en especial en la puesta y salida del sol. En cambio, cuando se camina por aquí ya de oscuro, hay que vigilar, pues entre los roquedales se esconde la temible mamba negra, una de las serpientes más rápidas del mundo y la más venenosa del continente africano.
Ya en la provincia de Kunene, podemos admirar los petroglifos de Twyfelfontein, otra reliquia del pasado. Hace más de tres mil años, los bosquimanos dejaron su huella de arte rupestre, con dos mil figuras de animales grabadas en la roca. Este conjunto fue declarado Patrimonio Mundial de la Unesco en 2007.
Casi en el extremo noroeste del país, está la antigua fortificación alemana de Sesfontein, hoy un monumento nacional. En su entorno se ha construido alojamientos, y son el punto de partida para visitar el río seco Hoanib, el cual desemboca en la Costa de los Esqueletos. Seguro que en más de una ocasión habréis visto algún documental filmado en este lugar. Se trata del estrecho cauce de un río que sólo lleva agua de mucho en mucho, a menudo pasan años hasta ver una nueva avenida. Este escenario se ha convertido en el hogar de los temibles elefantes del desierto, los únicos animales capaces de hacer que la vida siga en esta inhóspita región. Durante las largas sequías, los elefantes, dotados de un especial sentido de localización, son capaces de saber dónde hay agua bajo la arena. Con la ayuda de sus colmillos cavan grandes agujeros hasta hacer aflorar el líquido vital. Una vez ellos han saciado la sed, otros mamíferos se acercan a beber. Gracias la habilidad de los elefantes pueden vivir las jirafas, antílopes, e incluso unos pocos rinocerontes negros.
En una gran depresión, en la zona central del norte del país se encuentra el parque nacional de Etosha, uno de los más grandes de África, con 22.270 km2. Aquí las atracciones las encontramos por todas partes, pero sobre todo en el entorno de las pocas balsas de agua. En una zona de tanta sequedad, el agua es el bien más preciado, y sentarse a la orilla de Okaukuejo o de Halali, las dos principales balsas, es un espectáculo único en el mundo. Tranquilamente tomando un refresco, podemos ir viendo el desfile constante de animales que vienen hasta aquí a beber. En pocas horas, sea de día o de noche, y desde pocos metros de distancia, sólo separados por un murete, podemos admirar los elefantes, jirafas, leones, todo tipo de antílopes, cebras y especies menos comunes.
Las personas que dispongan de más tiempo pueden disfrutar de una zona muy especial, situada en el extremo norte oriental del país. Se trata de la aislada franja formada por las provincias de Kavango y Caprivi. Son 760 km de longitud y llegando sólo a 30 km de ancho en el punto más estrecho, rodeados por Angola, Zambia y Botsuana. Aquí es donde encontramos parte del delta del Okavango.
Muztag está ofreciendo viajes a Namibia, en la formula “fly & drive”, conduciendo el vehículo que se haya seleccionado y yendo a pernoctar en diferentes y muy buenos lodges y hoteles situados estratégicamente a lo largo del itinerario.

 

EL PARQUE NACIONAL CHITWAN – NEPAL mar 28

Si alguien nos dice que ha pasado sus vacaciones en Nepal, la primera imagen que nos viene a la cabeza es que ha estado en un país lleno de exotismo y color, pero sobre todo rodeado por las montañas más altas de la Tierra, caminando arriba y abajo por senderos empinados, y en un ambiente frío y hostil. Pero si esa persona nos dice que en su viaje se ha limitado a visitar el Terai nepalí y en concreto el parque nacional de Chitwan, será cierto que ha estado en un lugar rebosante de color y exotismo, en cambio, nada de montañas, ni subidas ni bajadas, y mucho menos frío. Y es que el Terai es bien distinto a la franja norte de Nepal (la que se ubica a los pies del Himalaya). El Chitwan se encuentra en una zona de llanuras, con buena parte de su territorio tan llano como la palma de la mano, con temperaturas altas, una vegetación selvática y la fauna propia de este ecosistema.

¿Nos perdemos algo interesante si en un viaje a Nepal dejamos de visitar esta zona baja? Pues en mi opinión, sí. Y hay bastantes argumentos para recomendar una estancia en el Terai, aunque sea corta.

Sin lugar a dudas los principales alicientes de Nepal son el valle de Katmandú, la zona de Pokara y toda la cordillera del Himalaya, incluyendo el Dolpo, el reino prohibido del Mustang y todos y cada uno de los trekkings que discurren por las montañas. Pero, el complemento perfecto a caminar por las alturas es la visita al parque nacional de Chitwan.

El parque nacional de Chitwan es bastante grande, ocupa una superficie de 932 km2, y se extiende entre la frontera con India al sur, los ríos Narayani y Rapti al norte y al oeste, y por el este limita con la reserva de vida salvaje de Parsa. Una parte de los límites con la India se corresponden con el parque nacional Valmiki, una reserva dedicada a la conservación del tigre de Bengala. Las partes más elevadas del Chitwan son unos cerros llamados Churia, que apenas pasan de los ochocientos metros de altura y que son parte de la cordillera Siwailik, tímida avanzada hacia el sur del Himalaya. El resto del Chitwan se encuentra entre los cien y ciento cincuenta metros de altura.

El clima de la región es entre subtropical y tropical, afectado por los monzones. Entre los meses de junio y principios de octubre, pueden caer hasta 2.500 mm de precipitación, en lluvias torrenciales que muchas veces llegan a alterar los cursos de los ríos y provocar grandes inundaciones. Las temperaturas varían según la estación, así, entre octubre y febrero se da una media de 25 º C, a partir de marzo la temperatura va aumentando hasta los 36 º C de media en junio y con puntas que llegan a los 43 º C. La mejor época para visitar el parque es de octubre a mayo. Si el objetivo es la observación de aves, conviene visitar Chitwan entre los meses de diciembre y marzo.

Este fue el primer parque nacional de Nepal, en 1973, en aquellos tiempos se llamaba Royal Chitwan (Chitwan significa el corazón de la selva), pero desde principios del siglo XIX ya era un territorio preservado y se utilizaba como terreno de caza de la familia real nepalí. El año 1984 fue inscrito en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco.
Aparte del obligado recorrido por la selva, ya sea a lomo de elefante o surcando en canoa alguno de los ríos del parque, también es muy interesante visitar alguna de las comunidades indígenas que viven establecidas en las zonas limítrofes. El grupo étnico originario del Terai es el de los tharu, a los que se les considera ascendientes de Siddharta Gautama, el fundador del budismo, el cual era originario de Lumbini, lugar no muy alejado del parque Chitwan. Los poblados tharu son agradables y su gente se muestra muy hospitalaria hacia los visitantes. Su principal trabajo es la agricultura y la ganadería, y unos cuantos trabajan en el sector turístico. Lo que más llama la atención de esta etnia es el hecho de que sean en su mayoría inmunes a la malaria (también llamada paludismo). Es gracias a esta adaptación que pudieron sobrevivir a lo largo de los siglos en una zona donde abundaba el mosquito anopheles. Era tal la agresividad de estos mosquitos transmisores de la enfermedad que toda la gente de otras etnias que se atrevía a establecerse en el Terai, acababa enferma de paludismo y fatalmente moría. En la década de los años sesenta del siglo pasado, el gobierno nepalí hizo fumigar las selvas y humedales del Terai con DDT, con ello se pudo combatir y casi eliminar la presencia del mosquito anopheles, a cambio lo que se produjo fue la contaminación de los sistemas fluviales y también afectó a personas y animales con la bioacumulación de este producto al entrar en la vía trófica. Los efectos fueron desastrosos, pues a muchas especies les afectaba el sistema inmunológico. Parece ser que uno de los animales que peor soportó los efectos del DDT fue el rinoceronte de un cuerno; de los 800 ejemplares que había en el año 1950, estuvo a punto de desaparecer del parque. El otro efecto derivado de la eliminación de la malaria fue que abrió la puerta a la entrada de gente de otras etnias. Así, en pocas décadas llegaron colonos que se fueron instalando en las tierras fértiles hasta entonces territorio único de los tharu.

El cultivo del arroz, el maíz y la recolección de mostaza son algunas de las principales actividades agrícolas, también está ganando terreno el desarrollo de la floricultura. La apicultura y las granjas dedicadas a la cría de pollos son otros aspectos comerciales explotados en la región.

El turismo comenzó a llegar a Chitwan hacia mediados de la década de los setenta del pasado siglo, desde entonces ha crecido mucho el número de visitantes, ahora se calculan más de setenta mil personas al año. Este número es asumible tanto para el ecosistema como para las infraestructuras y de momento, cuando paseamos por el parque, no se da la sensación de encontrarnos en un lugar demasiado apretado de turistas, sino más bien lo contrario. Dentro del parque hay siete establecimientos autorizados como lodge para acoger visitantes, pero la mayoría de establecimientos se encuentran ubicados en la zona de amortiguamiento del parque, sobre todo en el entorno de Sauraha, donde está el centro de visitantes. Estos centros turísticos ofrecen entre otros el servicio de pensión completa, guías especializados, recorridos en elefante, canoa y 4×4 y la observación de aves. Hay otras atracciones, destacando el centro de cría de elefantes de Khorshor y el centro de cría de gaviales.

El Chitwan ostenta el récord asiático de producción de biomasa, calculándose 18.950 kg/km2. Esta cifra es la asociación compuesta de ungulados salvajes, bosques y hierba alta, acercándose a las tasas de biomasa que producen algunos de los parques y reservas de África Oriental. Un 80% del parque está recubierto por bosques de árboles sal (Shorea robusta), también crecen coníferas y palmeras, el resto son zonas de pasto. En los pastos destaca la hierba de elefante (Saccharum spp), la que crece incluso por encima de los cinco metros.

La fauna es la joya del parque. Se contabilizan hasta cincuenta especies de mamífero y cincuenta y cinco de anfibios y reptiles. El censo de aves ha llegado a las quinientas veinte y cinco especies, muchas de ellas migratorias. De todos los animales, el más espectacular de observar es sin duda el rinoceronte asiático de un cuerno (Rhinoceros unicornis). Ahora la especie está protegida al máximo y se ha llegado a los quinientos ejemplares y es fácil de ver. Sin embargo, el año 2002 los furtivos mataron 37 animales para poder cortar los cuernos. Los elefantes salvajes son más difíciles de observar y aún más, casi imposible, es poder ver alguno de los pocos ejemplares de tigre real de Bengala (Panthera tigris). Los tigres, que necesitan un gran territorio de caza, se esconden en las zonas más alejadas del parque, donde raramente llegan los turistas. Otro animal raro y en peligro de extinción es el gavial (Gavialis gangeticus), si bien durante una visita resulta extremadamente difícil ver alguno de estos extraños saurios, siempre queda la opción de acercarse al centro de cría para poder su observación de cerca.

Como ya os podéis imaginar, o si ya habéis estado alguna vez recorriendo una reserva de vida salvaje, la observación de determinadas especies es fruto a veces en parte de la suerte y también de la profesionalidad de los guías. Puede que en las visitas que he hecho en el parque, se han aunado la suerte y un buen guía, lo cierto es que desde lo alto del elefante o navegando en canoa, he podido observar los raros ungulados llamados gaur o bisonte indio (Bos gaurus), bovino asiático de grandes dimensiones, una especie amenazada y que en Chitwan tiene una destacada presencia. También he podido ver el sambar (Cervus unicolor) y el cocodrilo de los pantanos (Crocodylus palustris). Lo que hasta ahora ha sido imposible ha sido ver un tigre en libertad. Ojalá cuando alguno de vosotros tenga la oportunidad de ir a Nepal y visite el Chitwan, pueda disfrutar del espectáculo de tantos y tantos animales en libertad.

La agencia de viajes Muztag le ofrece la posibilidad de organizarse estancias en la selva de Chitwan en sus programas a medida, como complemento de los trekkings y expediciones por el Himalaya.

 

 

BALI (INDONESIA) feb 29

UN PARAÍSO EN LA TIERRA


Cuando apenas se llevan unos minutos en tierras balinesas, uno ya se da cuenta que ha aterrizado en un lugar muy especial. Se palpa un ambiente diverso al que podemos encontrar en las demás islas de Indonesia. Y las diferencias a las que nos referimos no son climáticas ni paisajísticas, ni en la apariencia de algún monumento, pues en estos aspectos se parecen bastante a las islas vecinas como pueden ser Java, de la que sólo dista 3,2 kilómetros, – situada en su oeste -, o las más cercanas situadas en su este como Lombok o Nussa Tenggara. Una atmósfera de tranquilidad y serenidad flota en el ambiente. La gente del país pasea con parsimonia (pueden ser la excepción los scooters que recorren Denpasar, la capital). Los trajes tradicionales están muy presentes. Por doquier despuntan las curiosas cubiertas en forma de pagoda de los templos. Piedras esculpidas con imágenes de animales fantasiosos se esconden en cualquier esquina. En el suelo, de vez en cuando nos topamos con ofrendas hechas con flores y comida. Y es raro el día en que no te encuentres con alguna celebración, ya sea un funeral, boda o algún otro ritual cargado de simbolismos y plástico a más no poder.

Bali es una isla que pertenece a Indonesia y forma parte de un archipiélago llamado islas Pequeñas de la Sonda. Está situada sólo 800 kilómetros al sur de la línea del ecuador. La superficie es de 5.633 km2 (como Ibiza y Mallorca juntas). Su relieve es más bien montañoso, sobre todo el centro y norte, con una cota máxima de 3.142 metros, en el volcán activo Gunung Agung (la última erupción fue en 1963). El clima es tropical, con una estación seca que va de mayo a finales septiembre; los meses menos lluviosos son agosto y septiembre, y la temperatura media siempre está por sobre los treinta grados centígrados.

La población ronda los tres millones de habitantes, son mayoritariamente de etnia balinesa, y el hecho diferencial respecto a otras islas del archipiélago indonesio es el religioso. Aquí todo el mundo profesa una forma local del hinduismo, donde se mezcla el complejo y multitudinario panteón hindú, con formas animistas. El sistema de castas se limita al ámbito religioso, con los brahmanes en el escalafón más alto y los sudra debajo. En el mundo del trabajo no hay diferencias y los intocables, contrariamente a lo que ocurre en la India, no existen. Hoy, la población balinesa divide sus actividades laborales entre el turismo y el cultivo del arroz.

La gente de Bali se convirtió al hinduismo a lo largo primera mitad del siglo XI, cuando el rey javanés Airlangga, tomó el poder en Java y extendió su dominio sobre Bali, permitiendo sin embargo, un estado de independencia tutelada. A lo largo de los siglos diferentes dinastías hinduistas se sucedieron al frente de la monarquía balinesa, siendo la más importante la de los Majapahit, entre los años 1293 y 1520. Cuando en el siglo XVIII en Java y en buena parte del archipiélago indonesio se impuso el islam, en Bali aún se afianzó más el hinduismo. Y fue la pujanza de los mahometanos en Java, lo que provocó la migración hacia Bali de las clases altas y sobre todo de gente de la cultura y artistas. De aquella época proviene la tradición artística balinesa que aún hoy perdura. Hay que recordar que Indonesia es el país del mundo con más seguidores del islam.

Bali también sufrió la colonización europea. Fue la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales quien tomó control definitivo de la isla después de un ataque naval sobre la capital en 1906. Ya mucho antes, a finales del siglo XVI, los holandeses fueron introduciéndose de manera sibilina cerca del poder real y a mitad del XIX tenían establecidos destacamentos militares en algunas zonas del norte de Bali. Durante la II Guerra Mundial, fueron las tropas japonesas las que ocuparon Indonesia el año 1942. La dominación nipona duró hasta que tropas británicas desembarcaron en Java en octubre de 1945 y seguidamente los holandeses se hicieron de nuevo con el poder colonial. Pero esta presencia europea fue corta, pues el general Sukarno encabezó una compleja trama para conseguir la independencia. Después de muchos tira y afloja, tanto bélicos como diplomáticos, incluyendo la intervención de las Naciones Unidas, al final Indonesia conquistó su independencia en el año 1949.

Con el país estabilizado, Bali pasa encabezar el desarrollo turístico de Indonesia. Los hoteles y conjuntos residenciales más lujosos se han ido estableciendo por todo el litoral. La zona situada al sur de Denpasar, conformada por la península de Bukit, es la que tiene más establecimientos de alto standing. Algunos de los campos de golf con más glamur se han establecido en esta pequeña península, sobre todo destacan los de Nusa Dua y Sanur. También son famosas en todo el mundo las playas de esta zona para la práctica del surf. Y para divertirse no hay como la población de Kuta y sus famosas discotecas. Por desgracia una de estas discotecas de Kuta fue objetivo de los terroristas islámicos en el año 2002, causando muchos muertos y además, dañando de manera severa la industria turística durante un tiempo al bajar significativamente el número de visitantes extranjeros.

El otro polo de atracción balinés es Ubud. Este lugar es desde hace siglos el centro cultural de la isla. Ubud resume miel que es Bali, pues aquí se puede captar mejor que en ninguna parte el sosiego tradicional junto con el desarrollo de la artesanía, la música, el teatro y las artes. El pueblo, no demasiado grande, se encuentra en el centro-sur de la isla, rodeado de arrozales dispuestos en vistosas terrazas. Muchos templos se encuentran tanto en el interior de la población como en las cercanías. Por todo, Ubud es una buena base para quien quiera descubrir con tranquilidad toda la parte meridional de Bali.

Atractivos paisajísticos los encontramos por toda la geografía balinesa. Sus playas, algunas de arena blanca y muchas otras de arena negra de origen volcánico, ofrecen un sin fin de vistas impresionantes, siempre con el telón de fondo de las altas montañas y volcanes del interior. Muchos de estos volcanes ofrecen la oportunidad de cortos trekkings y excursiones, incluyendo la ascensión a la cima del Gunung Agung. Para los amantes del buceo, la costa noreste es la más aconsejable, además de admirar los fondos de coral, muchos submarinistas visitan las playas de Tulamben con el objetivo de sumergirse entre los restos del pecio del barco estadounidense Liberty.

Y lo que es imprescindible en una visita a Bali, además de conocer sus mejores templos, como el espectacular Tanah Lot o el Pura Goa, es vivir en directo el espectáculo teatral del barong, las danzas legong e ir a una sesión teatro de marionetas hechas con la técnica de las de sombras chinescas.

Por todo, Bali es destino imprescindible en cualquier recorrido por Indonesia. Muztag Viajes ofrece varios programas, estándares o hechos a medida, que permiten descubrir este paraíso.