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AUSTRALIA – PARQUE NACIONAL KAKADU may 08

Por primera vez en este blog os hablamos de un lugar de Oceanía, el continente que se encuentra en nuestras antípodas. Cualquier viaje hasta el otro lado del planeta requiere de un largo, ya veces costoso desplazamiento, pero vale la pena el esfuerzo. Allí hay mucho que ver y vivir. Las diferencias con el que estamos más acostumbrados son bastante grandes. Es difícil comparar Asia o África con Oceanía. Y para empezar a pisar esta parte del mundo nos adentraremos en un parque nacional de Australia, el de Kakadu, una de las cunas de la Humanidad.

Para ubicar en el mapa el parque nacional Kakadu debemos situarnos en el extremo septentrional de Australia, en el Territorio del Norte, muy cerca de su capital, la ciudad de Darwin. Australia es la isla más grande del planeta y políticamente se trata de una Monarquía Constitucional (con la reina de Inglaterra a la cabeza), de sistema parlamentario. La forma estatal es una Mancomunidad (Commonwealth) dividida en seis estados (Nueva Gales del Sur, Australia Meridional, Tasmania, Victoria, Queensland y Australia Occidental), dos territorios interiores (Territorio del Norte y Territorio de la Capital Australiana), y los llamados territorios menores (islas de Cocos, isla Christmas, islas del Mar del Coral , Bahía de Jarvis, Territorio Antártico Australiano, y una serie de islas deshabitadas).

A pesar de ser el sexto país más grande en extensión del planeta, su población sólo alcanza los 21 millones de habitantes. Esto hace que la densidad de habitantes por kilómetro cuadrado sea muy baja (2 hab/Km2), lo que sitúa a Australia en el número 191 del ranking de densidad. Es por este mismo motivo, que cuando circulamos por según qué zonas del país, apenas nos encontramos con gente. La gran mayoría vive en la costa sur y este en las ciudades de Melbourne, Canberra, Sídney y Brisbane en la costa este, y Perth en el oeste.

La mayor parte de la población es de descendencia europea, primero, de los colonos anglosajones llegados a finales del siglo XVIII y después de inmigrantes también en su mayoría ingleses, pero con el tiempo se añadieron griegos e italianos. Hay importantes minorías china y vietnamita. Pero los auténticos australianos son los que se denominan Koori (de hecho son sólo Koori auténticos los habitantes de Noval Gales del Sur y Victoria, los de otras zonas pertenecientes a otras culturas como los Anangu, en el Territorio del Norte y Australia occidental, los Pícaro de Queensland, los Palawah de Tasmania, etc., aunque en conjunto prefieren ser conocidos como Koori). Representan sólo el 2,2% del total de la población del país.

Como os hablaremos de Kakadú, creemos que debemos profundizar un poco en la historia reciente de la nación aborigen, pues actualmente ellos controlan casi el 30% del Territorio del Norte.

Se piensa que la llegada de los aborígenes al continente australiano se remonta 50.000 años atrás y procedían de Asia (hay teorías que hablan de 125.000 años). Durante siglos y siglos se fueron extendiendo por todo el territorio, en especial la zona sur y este de la gran isla. Su modus vivendi se basaba en la recolección y la caza. Formaban grupos nómadas, desconocían la agricultura y la ganadería. Se supone que la población alcanzó un número máximo de unos 750.000 individuos (algunas fuentes calculan la mitad), repartidos en 250 naciones divididas en numerosos clanes y se hablaban también unas 250 lenguas diferentes, aunque todas ellas emparentadas. Dado que no tenían escritura, los conocimientos, la cultura y su interpretación del mundo y de sus orígenes, se transmitía por vía oral. Otra manera de transferir los conocimientos y el peculiar cosmos era a través de la pintura.

La llegada de los europeos supuso el inicio de una pesadilla para los aborígenes, de la que apenas ahora empiezan a despertar. Buena parte de los recién llegados eran delincuentes trasladados desde las cárceles inglesas, sus miramientos con los autóctonos eran, por decirlo de manera fina, poco cuidadosos. El choque entre dos formas culturales completamente diferentes estalló de manera inevitable. Para unos, el conocimiento de la tierra y del entorno natural era la base para sobrevivir, los otros necesitaban los terrenos para convertirlos en cultivos o introducir los rebaños. Poco a poco los europeos fueron arrebatando la tierra con todo tipo de métodos, muchas veces llegando al genocidio físico y cultural. Las enfermedades importadas por los colonos fueron insuperables para los aborígenes, la viruela, la gripe y la tuberculosis entre altas diezmaron la población. Además, los derechos de los aborígenes eran nulos. A este estado de cosas se sumó la supresión cultural forzosa, la reclusión en reservas y uno de los hecho más crueles como fue el raptar a los niños a las familias y obligarlos a asimilar la cultura inglesa. Estos niños son los que han dado nombre a las “generaciones robadas”, una de las lacras de la sociedad australiana. La población autóctona a principios del siglo XX se había reducido el 90 %. La discriminación duró hasta comienzos de 1960 cuando por fin los aborígenes empezaron a tener derechos civiles. Hasta el año 2004, ¡menos de diez años atrás!, El gobierno no reconoció a la nación aborigen. En 2008, y de manera solemne, el gobierno australiano pidió perdón a los aborígenes por todos los daños sufridos.

Los aborígenes son los propietarios del parque nacional de Kakadu, hoy Patrimonio Mundial de la Unesco. En este parque es donde se guardan algunos de los tesoros más importantes del arte rupestre australiano y los más antiguos del planeta.


Los 19.804 km2 de superficie de Kakadu, equivalentes a la extensión de la provincia de Cáceres, preservan una variedad y riqueza de paisajes increíbles, y en los diversos ecosistemas del territorio se encuentran más de dos mil especies vegetales, 68 especies de mamíferos, 120 de reptiles, 280 de aves y 300 de peces.

Los cinco tipos básicos de paisaje son: Las zonas costeras formadas por estuarios y manglares. Los cerros situados al sur de Kakadu. Los bosques de sabana de las tierras bajas. Los humedales. El área de acantilados que se alzan sobre la meseta de Arnhem Land.

El ecosistema de la costa ocupa unos 500 km2. El dominante son los bosques de manglar, donde encuentran refugio muchas especies acuáticas y es punto de parada de las aves marinas, buena parte de ellas migratorias. Las calas y estuarios que se forman en la desembocadura de los ríos están influidos por las mareas y sobre todo por las avenidas de sedimentos en la estación de lluvias. La vegetación es única, desde mangles de raíces que sobresalen del suelo al mangle araña que tiene un curioso sistema de raíces similar a las patas de un arácnido. Los manglares son el hogar de grandes colonias de zorros voladores, las cuales atraen a los lagartos monitor y cocodrilos de estuario. El dudongo, un extraño mamífero marino, llamado también “vaca marina” se dedica a pastar la vegetación acuática de las calas.

Una amplia zona del sur del parque está dominada por colinas y crestas de origen volcánico muy antiguo, unos 2.500 millones de años. El relieve de la zona ha facilitado la formación de un ecosistema único, con plantas y pequeños animales que no se encuentran en otros lugares de Australia.

Los bosques de sabana de las tierras bajas o “woodlands” representan el 80% de la superficie del parque. Los eucaliptos y las hierbas altas son las grandes dominadoras del paisaje, pero aún así es donde hay más variedades vegetales y donde se esconden más especies animales. En las orillas de los ríos se encuentran todo tipo de aves y aquí es donde se puede ver el pájaro más famoso del parque, el kookaburra de alas azules. Los wallabys (se pueden confundir con los canguros), los dingos o perros salvajes son otros animales característicos de esta zona junto con una amplia representación de lagartos, entre ellos el volador.

Los humedales son llanuras que se inundan en la temporada de lluvias. Kilómetros y kilómetros del parque quedan completamente sumergidos. Pronto empieza a formarse un lecho de plantas acuáticas, y se convierte en el lugar preferido de los reptiles, entre ellos el gran cocodrilo “saltwater” y los cocodrilos de agua dulce. La rara tortuga cuello de serpiente también encuentra escondite en este lugar. Las aves acuáticas están presentes en todas partes.

El área de acantilados está formada por rocas de piedra arenisca que se extienden a lo largo del sur del parque, marcando el límite de una meseta. La altura máxima es de 330 metros y su orografía es compleja, formando cañones, abrigos y cuevas. Es en esta zona del parque donde se encuentran los principales abrigos con pinturas rupestres. La vegetación es menos espectacular que en los otros sistemas, sólo destacan los pequeños bosques de alluscarpia, un árbol de grandes dimensiones. Pequeños animales se esconden los agujeros de las rocas, encontrándose muchos reptiles. En las partes altas de los ríos y en lagos es frecuente la presencia de los cocodrilos de agua dulce.

Visitar las galerías de arte rupestre de Kakadu es uno de los hitos de la estancia en el parque. Hay hasta cinco mil lugares con restos pictóricos que abarcan desde los tiempos más remotos hasta pinturas donde están representados colonos europeos. Las obras más antiguas, se remontan a 50.000 años y son las primeras obras de arte que ha hecho la Humanidad. Los estudiosos han dividido las pinturas en once estilos y se basan en tres épocas en las que el medio ambiente era diferente: Pre-estuario (de 50.000 a 15.000 años); Estuarios (entre 8.000 y 4.000 años), el de Agua Dulce (de 1.500 a 300 años de antigüedad).

Hay tres lugares que son auténticas “capillas Sixtinas” del arte rupestre australiano y cuya visita es imprescindible: Ubirr, Nourlangie y Nanguluwur.

Un centro de visitantes ofrece la información necesaria sobre todos los aspectos del parque. El espacio Warradjan está dedicado a divulgar la cultura aborigen.

En cualquier momento del año se puede visitar Kakadu, pero hay que tener en cuenta en las extremas variaciones que presenta el parque en función de las épocas húmedas o secas. Los nativos dividen el clima en seis épocas:

El gudjew o temporada de monzón. Va de diciembre a marzo, las temperaturas medias están entre los 24 y 34 º C. Es cuando se producen las grandes tormentas eléctricas y las constantes lluvias torrenciales. Se inunda buena parte del parque. La hierba crece hasta dos metros de altura y la mayor parte de especies animales se halla en pleno estallido de vida.

El banggerreng o temporada de tormentas de viento. Coincide con el mes de abril y la temperatura media va entre los 23 y 34 º C. Comienza a retirarse el agua de las zonas inundadas. El viento allana las altas hierbas. Las plantas muestran la exuberancia de frutos y los animales salen al aire libre con sus crías.

El yegge, se corresponde con la entrada de los primeros fríos. Temperaturas medias que oscilan entre los 21 y 33 º C. Ocupa los meses de mayo y parte de junio. Aparecen las nieblas sobre las llanuras.

El wurrgeg o temporada fría. Segunda parte del mes de junio hasta mediados de agosto. Temperaturas que bajan hasta los 17 º C y máximas que no pasan de los 30 º C.

El gurrung, tiempo de calor seco. De mediados de agosto a mediados de octubre. Predomina la sequía y las temperaturas suben hasta los 37 º C.

El gunumeleng o temporada pre-monzónica. De mitad de octubre a finales de diciembre. El calor de hasta 37 º C se convierte húmedo. Llegan las primeras lluvias que hacen que los arroyos bajen ya con agua.

Una de las mejores maneras de visitar Kakadu es con vehículo tipo 4×4. Las caminatas por los lugares convenientemente señalizados son imprescindibles. Es muy importante hacer caso a las señales que se instalan en lagos y ríos, donde se dice permitido o prohibido el baño. Debido a las inundaciones del monzón, los cocodrilos pueden ocupar determinados lagos y son peligrosos al máximo, recordad las imágenes del filme Cocodrilo Dundee (Paul Hogan y Linda Kozlowski). Muztag ofrece un programa que incluye varios días de estancia en el parque.

 

INDIA: JAISALMER, LA CIUDAD DORADA abr 09

Describir una ciudad india como pintoresca parece un sin sentido. De hecho, ¿qué ciudad india no es pintoresca? Pero es que hoy os hablamos de un lugar que difiere bastante de la mayoría de poblaciones significativas del subcontinente indio: Jaisalmer, la ciudad dorada.

Jaisalmer está situada 660 kilómetros al suroeste de Delhi, y bastante cerca de la frontera paquistaní. Se encuentra rodeada por completo de arenales y zonas de dunas del gran desierto indio de Thar. Presenta un clima muy seco y cálido, siendo especialmente tórridos los meses de mayo y junio. En el ámbito político es la capital del distrito de Jaisalmer, en el estado de Rajasthan, uno de los veintiocho estados que conforman la Unión India.

Pero, ¿qué es lo que distingue esta ciudad respecto a los otros famosos destinos del Rajasthan? Pues en muchos aspectos es completamente diferente. Si tomamos de muestra cuatro de los lugares más representativos del Rajasthan vemos que en poco se parecen entre sí, pero mucho menos si los comparamos con Jaisalmer:
Puskhar, uno de los hitos de cualquier viaje a la India, es una pequeña ciudad sagrada, completamente blanca, que se ubica rodeando un lago central. Una de las características que llama la atención a los viajeros que llegan a Pushkar es que es un lugar estrictamente vegetariano, y está prohibido consumir carne y beber alcohol en toda la zona urbana, incluyendo todos los restaurantes especializados en turistas extranjeros.

La ciudad de Jaipur es famosa en el mundo entero como la ciudad rosa, llamada así por el color de sus casas y palacios, con un edificio singular como es el “Hawa Mahal”, el palacio de los Vientos. Últimamente y gracias a ser declarado Patrimonio Mundial de la Unesco, es muy conocido el Jantar Mantar, un curioso conjunto de instrumentos para hacer cálculos astronómicos, un instrumental de medidas descomunales.

Udaipur, una de las ciudades más visitadas por el turismo, se caracteriza por inmensos palacios situados en las orillas de los lagos, alguno de ellos enclavado en medio del agua.

Y por último, como comparativa citamos a Jodhpur, la ciudad azul. Toda la población vive en casas tintadas de azul, y éstas se sitúan en torno a una colina, coronado por el fuerte Mehrangarh.

En Jaisalmer tiene tres rasgos identificativos que son los que marcan la diferencia. Uno es el color ocre de la piedra con el que están construidos los edificios más importantes: el fuerte, los templos y los palacios, aquí llamados havelis. Junto con la arena de las dunas de los alrededores, también amarillenta, han contribuido a fomentar el nombre de “ciudad Dorada”. La segunda característica es el mismo desierto, que significó un aislamiento y una clara barrera respecto otras zonas del Rajasthan, marcando una historia propia, tanto, que en el pasado existió el estado de Jaisalmer. La última de las diferencias es el esplendor arquitectónico con la profusión decorativa de los havelis y los templos de esta ciudad-fortaleza.

La fundación de Jaisalmer se remonta al siglo XII, cuando el rajá Maharawal Jaisal Singh, un monarca rajput, estableció su residencia en el cerro Trikuta (cerro de las tres cimas). En este promontorio hizo construir una fortaleza la cual aún se mantiene en pie y muestra con orgullo los 99 bastiones de su muralla. En la actualidad todavía viven en el interior del fuerte (es del año 1156) más de 15.000 habitantes. Jaisalmer significa “el fuerte de la colina de Jaisal”

La historia de la ciudad ha sido convulsa, habiendo pasado por momentos de gran sufrimiento para sus habitantes. Ciento treinta años después de la construcción del fuerte, los khalji de Delhi pusieron cerco a la fortaleza, la resistencia fue heroica, aguantando siete años hasta sucumbir el año 1293. Cuando los khalji entraron en la ciudad para saquearla, no encontraron a nadie vivo, pues los habitantes habían cometido un suicidio colectivo. Los bhatti, clan originario de Punjab y que había emigrado hacia el sur en el siglo XI, eran mayoría en Jaisalmer. Una práctica ancestral bhatti y rajput era el jauhar. Esta costumbre consistía en la auto-inmolación, con la que se quería evitar el deshonor de ser capturados por el enemigo. En la ciudad no hubo supervivientes, pero si en la región del entorno, y esta gente emigró hacia el Punjab y el Sind de lo que ahora es Pakistán, fundando allí el clan Bhutto.

La muerte colectiva de los habitantes de Jaisalmer, siguiendo el rito del jauhar, se repitió a mitad del siglo XIV. Entonces fue para poner fin al asedio a que los sometió el sultán de Delhi Firuz-Shah Tughluq, feroz perseguidor del hinduismo y fiel seguidor de la ortodoxia musulmana.

El estado de Jaisalmer, en forma de principado, continuó a lo largo de los siglos hasta que a finales del año 1818 pasó a ser un protectorado británico. En este lapso la ciudad tuvo momentos de gran brillantez, sobre todo por el hecho de haberse convertido en un paso obligado para las caravanas de camellos en el trayecto comercial que unía la India con Persia, Arabia, Egipto y las rutas que llevaban hacia África. El fin de Jaisalmer como estado fue en 1949, al pasar a formar parte del Rajasthan. En la actualidad, la principal actividad comercial gira en torno al turismo.

El atractivo turístico principal es el fuerte con el palacio real “Maharaja Mahal”, los havelis, los ochos templos del culto jainista y los cuatro de religión hinduista.

Los havelis son edificios nobles y que tienen un cierto valor histórico y sobre todo artístico que se encuentran en la India y Pakistán. El término haveli es de origen persa (hawli) y significa “lugar cerrado”. Dependiendo de la región donde estén estos edificios, pueden tener influencias arquitectónicas persas y mogoles. En Jaisalmer eran las mansiones de los ricos mercaderes y para su construcción no escatimaron esfuerzos ni dinero, convirtiéndolas en auténticas obras de arte. En la piedra arenisca de las paredes, los canteros dejaron grabados infinidad de detalles. Son espectaculares los balcones por su minucioso trabajo, como también lo son los arcos, las puertas y algunas pinturas murales.

Entre las visitas a la ciudad cabe destacar en primer lugar el conjunto de las murallas. Es interesante pasearse por la parte externa como imprescindible recorrer el interior del fuerte con el palacio real. De los edificios singulares, los templos son parte de la esencia de Jaisalmer. El mejor, en nuestra opinión, es el templo de Chandraprabhu, dedicado al octavo Tirthankar, el profeta jainista Chandraprabhu, construido en 1509. Conserva todas las virtudes arquitectónicas del antiguo Rajput. Otros templos jainistas de alto interés por sus esculturas son los de Rikhabdev, Shitalmath, Parasmath, Sambhavanth, Shantinah y Kunthunath. Los dos templos hinduistas más importantes son los de Lasminath y Surya.

El haveli más significante es el Patwon-ki Haveli. Todo él es una auténtica joya de la arquitectura india. Se compone de cinco havelis adosados, formando un conjunto uniforme. Su construcción data del año 1805 y pertenecía a un adinerado comerciante de joyas Una de las secciones es ahora un museo. Otros havelis interesantes son: el Salim Sigh-ki Haveli, del año 1815, construido por el primer ministro Salim Sigh, el Shree Nath Haveli, Mehra Haveli y Nathmalji-ki Haveli.

Si el viajero desea encontrar un lugar tranquilo y apacible, basta con caminar hacia las afueras, unos 900 metros al sureste del fuerte, donde se encuentra el lago artificial Gadi Sagar, su construcción data del año 1367 y se llena gracias a las lluvias. En su entorno hay algunos pequeños templos.

Quien busque olores, colores y sensaciones, los encontrará en el mercado. Allí, aunque esté a cuatro pasos de las murallas y los havelis, uno parece encontarse lejos de los reclamos turísticos, con el constante flujo de visitantes.

Una de las actividades turísticas más populares de Jaisalmer son los safaris en el desierto. En jeep para alejarse de la ciudad y luego a lomos de dromedario, los grupos se internan por las dunas. El espectáculo principal es contemplar la puesta de sol, pero la excursión tiene otros alicientes como el fuego de campamento o si se quiere dormir bajo las estrellas.

La agencia de viajes Muztag puede preparar un viaje a medida, dedicando una especial atención a la visita de Jaisalmer. En nuestra planificación tenemos programadas dos salidas en las que se incluye la estancia y visita a esta fascinante ciudad del desierto: “India del Norte” e “India del Norte 16 días“.

 

IRÁN, ISFAHÁN LA MITAD DEL MUNDO mar 07

El artículo que os ofrecemos hoy pone el foco en la ciudad de Isfahán, sin duda el hito en cualquier viaje a la República Islámica de Irán.

La propaganda turística reza: Isfahán nesf-e Jahan, que traducido del farsi (la lengua persa) significa Isfahán la Mitad del Mundo. Es evidente que geográficamente la ciudad iraní no se encuentra en medio de nuestro planeta, pero el eslogan lo vale por la cantidad y calidad de los monumentos que ofrece, además de otros atractivos que ahora os iremos contando.

La ciudad se encuentra unos 400 kilómetros al sur de Teherán, la capital iraní. Por su ubicación, a 1.570 metros de altura y rodeada de montañas, disfruta de un clima benigno, lejos de los calores veraniegos que encontramos en buena parte de Irán y del frío extremo de los inviernos en las zonas de montaña y en las regiones situadas al norte del país. Las precipitaciones, sobre todo invernales, apenas llegan a los 120 mm. El río Zayandeh atraviesa la ciudad y constituye un elemento más del atractivo paisajístico urbano.

La población del núcleo urbano es de un millón y medio de habitantes. Los accesos son fáciles gracias a un aeropuerto y la autopista que enlaza con Teherán al norte y Shiraz al sur.

La historia de Isfahán se encuentra estrechamente ligada a la figura del Sha Abbas I (1587-1629). El monarca de la dinastía Safávida impulsó la construcción de la mayoría de los palacios, puentes, mezquitas, bazares y jardines que podemos admirar. La arquitectura de la que fue capital safávida es de un valor artístico incomparable. Según las crónicas dejadas por los viajeros de la época era la ciudad más moderna y próspera del mundo, con una población cercana al millón de habitantes.

Antes del ascenso de la dinastía Safávida, Isfahán ya había gozado de momentos de gran pujanza y de otras épocas donde las condiciones debidas a las guerras fueron duras de superar. A lo largo de más de 400 años la región de Isfahán fue una satrapía sasánida (224-640) y mantuvo el control comercial de la meseta central persa. Con la conquista árabe inició un periodo de tres centurias en los que la ciudad se transformó de manera notable. Importantes pensadores, arquitectos y artistas dejaron su huella como: el filósofo y médico Ibn Sina, conocido en Occidente como Avicena (Bujará-actual Uzbekistán 980 – Hamedan, Persia, 1037); Omar Khayyam (Neisabur 1048 – 1131), astrónomo, filósofo, gran matemático y sobre todo poeta, conocido por sus Cuartetas “Rubayyat”.

Los samánidas conquistaron la región en 913, y a principios del siglo XI pequeñas dinastías locales convirtieron Isfahán en su capital. El año 1053 son los selyúcidas quienes ocupan la ciudad, bajo su dominio consigue un importante desarrollo, de este tiempo data la construcción de la mezquita del Viernes. En el siglo XII la ciudad sufre el ataque de los ismailitas, pese a las grandes destrozos, se recupera bastante rápido. Más grave fue el asedio a la que fue sometida por parte del ejército mongol en la primera mitad del siglo XIII. Una vez ocupada la ciudad la población fue masacrada, en cambio, gracias a la intercesión del sultán Jalal od-Din, los edificios y monumentos no fueron destruidos. La peor de las masacres se produjo cuando Tamerlán invadió Isfahán el año 1388. Dicen que hizo asesinar a 70.000 habitantes y según la tradición, se levantó una colina con los esqueletos amontonados.

A partir del siglo XVIII se inicia un lento declive, acentuado cuando la dinastía Qajar trasladó la capital persa a Teherán. Ya en el siglo XX, el resurgir de Isfahán se hizo patente, poco a poco se ha convertido en una competidora de Teherán, en comercio, industria, como centro cultural y en especial turístico. Una nota trágica se produjo durante la guerra Irán-Irak (1980-1988), cuando la caída de un misil en el bazar provocó la muerte de mucha gente y a punto estuvo de destruir una de las joyas del arte universal.

Los turistas,  en cuanto pisan la plaza del Imam Jomeini quedan maravillados. También conocida como plaza Naghsh-e Jahan, se encuentra en el centro de Isfahán y es una de las visitas imprescindibles en cualquier viaje a Irán. En 1979, la plaza y los monumentos circundantes quedaron inscritos en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco. La plaza, de forma rectangular, es una de las más grandes del mundo; mide 510 metros de largo por 165 de ancho y en un principio servía de campo de polo, de hecho aún son visibles las columnas de mármol que hacían de portería.
La construcción de la plaza del Imam data del 1612, cuando el Sha Abbas I hizo levantarla siguiendo un perfecto orden, rodeándola de edificios idénticos de dos plantas, con puertas y bacones formando el arco persa tradicional. Esta perfección estética se ve interrumpida en cuatro puntos, y cada una de estas “imperfecciones” es un maravilloso contrapunto, cada uno con su propia personalidad.
En el lado norte de la plaza destaca el portal Qaisarieh, el cual da acceso a uno de los más bellos bazares de la tierra. El lado sur se encuentra ocupado por la mezquita del Imam, una obra excepcional en la historia de la arquitectura. Al oeste, se alza majestuoso el palacio Ali Qapu y justo en la parte opuesta de la plaza, casi queriendo pasar desapercibida, está la puerta de la mezquita Lotfollah, y sobresaliendo por encima su espléndida cúpula. En los bajos de los edificios que rodean la plaza y en los callejones de alrededor se encuentra la mayor concentración de tiendas de artesanía de la ciudad: anticuarios, establecimientos donde se ofrecen alfombras de altísima calidad, ceramistas, miniaturistas que dibujan pintan auténticas joyas, y como no podían faltar, también las tradicionales tiendas de “souvenirs”.

En el Gran Bazar es donde late la vida de la ciudad. Casi obligado es perderse, sí, literalmente perderse por el laberinto de callejuelas, patios, galerías, caravasares, pequeñas mezquitas, baños, casas de té y otros edificios escondidos que conforman el fabuloso conjunto. Es un viaje en el tiempo donde los olores y los colores llenan un escenario espléndido, donde la vitalidad del comercio, agrupado por gremios, ofrece las más variadas mercancías. No hace falta recorrer los más de cinco kilómetros del bazar, seguro que en un momento u otro os saldréis y iréis a parar frente a alguna edificación singular o de una mezquita de las muchas que hay en el entorno del paradigma de los “centros comerciales”.

El palacio Ali Qapu muestra su inconfundible silueta, sobresaliendo en altura y dominando la plaza del Imam. Fue construido en tiempos del Sha Abbas I como alojamiento de embajadores y lugar donde poder recibir a altos dignatarios extranjeros. Tiene seis pisos de altura y cada planta está decorada de manera diferente, destacando los trabajos de filigrana en estuco de yeso, los mosaicos, la madera y los frescos. Es en el sexto piso donde podemos captar la maravilla de la concepción espacial persa. Este piso era donde se hacían las recepciones oficiales y también servía de sala de conciertos. Una habitación, llamada de la música, muestra unos trabajos en escayola representando jarrones e instrumentos musicales, formando una doble cámara que permite una especial sonoridad, dando un efecto de reverberación misteriosa.

La mezquita Sheikh Lotfollah fue construida en el año 1602 y es un edificio que se aparta de la grandiosidad de otras realizaciones de la época. De proporciones modestas, casi mínimas si se la compara con la vecina mezquita del Imam y alejada también del concepto de la mezquita persa clásica. No hay patios ni grandes arcadas (iwan) y tampoco minaretes. Por fuera llama la atención ver la cúpula descentrada con respecto a la portada, y es una vez dentro donde se ve la originalidad del conjunto. Un pasillo conduce hacia la única sala de oración, de planta

cuadrada y formando un ángulo de 45 grados respecto a la plaza, para poder observar la orientación del mihrab hacia La Meca. Paredes de 1,70 m de espesor sustentan la cúpula, mediante un sorprendente sistema basado en cuatro trompas que terminan constituyendo primero un octógono y luego un polígono de dieciséis caras, este polígono es el que aguanta directamente el tambor circular, con dieciséis ventanas y encima la magnífica cúpula. Este conjunto emana una belleza serena y equilibrada, resaltada por la decoración de ladrillo azul, turquesa y dorada, formado dibujos geométricos y motivos florales. La peculiar disposición de las ventanas del tambor, junto con la curvatura inferior de la cúpula crean un extraño efecto que los guías llaman “la cola del pavo real”.

En el extremo sur de la plaza sobresale la mezquita del Imam, llamada antes de la Revolución mezquita Real. Es una de las obras maestras de toda la arquitectura mundial, sólo comparable con edificios singulares de la categoría de San Pedro del Vaticano o el Taj Mahal. En algunos aspectos, como en la decoración cerámica, se puede considerar la mejor obra artística de este tipo que el hombre ha producido.
La construcción, impulsada también por el Sha Abbas I, se inició en 1612 y finalizó en 1638, cuando el monarca ya había muerto. El edificio mantiene la tradición persa de la mezquita, con un patio central, rodeado de cuatro portadas (iwanes). Si el diseño de la planta, a pesar de su perfección, no representa una innovación en el arte persa, los detalles arquitectónicos y decorativos, consiguen la cota más alta del período safávida, configurando el más imponente y armonioso conjunto de la arquitectura que encontramos en Irán. La cúpula alcanza los 54 metros de altura y es esbelta a más no poder, debido a la solución de la “doble cúpula”, uno de los inventos de los arquitectos safávidas, luego copiada en cientos de cúpulas por todo el mundo islámico. El portal de la fachada principal es también imponente, de treinta metros de altura y está flanqueada por dos minaretes de 42 m. El virtuosismo de los artistas safávidas alcanzó su máxima expresión en las decoraciones. La cerámica esmaltada cubre todos los rincones, formando dibujos geométricos, florales, escrituras e incluso versos. Uno de los logros estéticos más importantes se da en la parte inferior de los iwanes, con cientos de alvéolos formado triángulos esféricos y estalactitas, todo ello recubierto por la más inimaginable selección de cerámicas. En la portada principal hay detalles cerámicos esmaltados en oro y plata formando poemas. La policromía da vida a cualquier rincón del monumento, los colores ayudan a dar el ritmo necesario a las fachadas, los minaretes, las cúpulas, el interior de los iwanes, las columnas y así hasta la más pequeña de las decoraciones. El refinamiento del arte decorativo y la policromía safávida llegan a esta edificación unas cotas no superadas en ninguna otra construcción del mundo.

Estos cuatro son en esencia los monumentos más significativos, los que ocupan el corazón de la ciudad, pero dispersos por la ciudad podemos disfrutar de otras extraordinarias obras de arte. Entre las mezquitas cabe destacar la de Alí, obra del siglo XII, la de Hakim, del siglo XVIII y la más importante de todas en el aspecto religioso, la del Viernes “Masjed-e Jame”. Esta mezquita tiene el patio interior más grande que podemos encontrar en Irán. La construcción del edificio comenzó en el año 1073 ya lo largo de los siglos se ha ido completando con diferentes salas hasta que las últimas obras datan de principios del siglo XIX.

Dignos de visitar son los mausoleos, tumbas de místicos e Imamzadehs (sepulturas de parientes próximos de algún imán). De estos edificios encontramos unos cuantos repartidos por la parte vieja de la ciudad, los mejores en cuanto a decoración y arquitectura son los mausoleos de Baba Qasem, obra del 1340, la tumba de Shashahan, del siglo XV y la tumba de Harun Velayat, un hiper-decorado mausoleo del siglo XVI. Importante en el aspecto religioso es el Imamzadeh Darb-e Imam, obra del año 1453.

En el apartado de los edificios religiosos conviene destacar la madraza Chahar Bagh, de la que sólo nos está permitido observar su soberbia cúpula, obra de principios del siglo XVIII. Y aunque nos parezca extraño, en Isfahán hay, además de varias iglesias armenias, una catedral cristiana, es la catedral Vank, obra del 1655, referencia para todos los armenios que viven en Irán. Resulta curioso descubrir que la iglesia es un compendio arquitectónico entre la mezquita safávida y la tradicional construcción religiosa armenia. El altar de la catedral se guardan las reliquias de san José de Arimatea.

De la obra civil hay que destacar algunos palacios, otro bazar y los puentes sobre el río Zayandeh. El palacio Hasht Behesht, cuyo nombre significa los “ocho paraísos” es un edificio de planta octogonal con dos pisos. Fue construido en 1669, en tiempos de Suleimán. Según los historiadores, Hasht Behesht y otras residencias palaciegas se encontraban rodeadas por un gran jardín llamado Bagh-e Bolbol (“jardín del ruiseñor”). La estructura arquitectónica está muy bien conservada y el interior de los dos pisos está completamente decorado con pinturas y mosaicos. La galería que da acceso al interior es una de las zonas más bellamente adornada con espejos, estalactitas y cerámica esmaltada. Los frescos de las paredes representan escenas con pájaros y otros animales. Hasht-Behesht recuerda lo que debían haber sido los palacios relatados en los cuentos de Las mil y una noches. El jardín que actualmente rodea el edificio es uno de los lugares preferidos para el recreo de los ciudadanos de Isfahán.

Si contemplando el palacio Hasht Behesht nos podíamos imaginar que estábamos en cuento de Las mil y una noches, entrar en el palacio Chehel Sotun nos puede parecer que el sueño se ha convertido en realidad. Este edificio, construido por el monarca Abbas II, en el año 1647, es uno de los mejores exponentes de la arquitectura real persa. El edificio se encuentra en un jardín que cubre 67.000 m2. Ante el pórtico principal se extiende un gran estanque. Es precisamente este estanque lo que da sentido al nombre del palacio: “Palacio de las 40 columnas”. En realidad actualmente sólo existen 18, pero antes eran 24. Las veinte columnas frontales se reflejaban el agua lo que producía un efecto multiplicador. Si el exterior es impresionante, en el interior nos esperan aún más gratas sorpresas. El salón decorado con espejos está considerado como uno de los mejores trabajos de este tipo del mundo. Las paredes del vestíbulo principal están cubiertas por pinturas al fresco de extraordinario valor, se ven escenas de la corte del sha y momentos de la guerra contra los uzbecos. Los temas de estas pinturas son usados ​​a menudo como motivo por los artesanos pintores de miniaturas. En un salón situado al sur de la sala de los espejos, la decoración combina las pinturas con ventanas formadas por estucos y vidrios de colores.

El bazar Honar forma parte de un gran complejo construido entre 1694 y 1722, la última construcción importante de los safávidas en Isfahán. Comparte el espacio con un caravasar, hoy transformado en hotel de cinco estrellas y la madraza Chahar Bagh.
El bazar es rectilíneo y ordenado. Si nos situamos en la entrada y echamos un vistazo a los techos veremos una sucesión de cúpulas que cubren los 220 metros de longitud del pasillo. Actualmente se caracteriza por estar dedicado sólo a la orfebrería.

El río Zayandeh cruza la ciudad desde el oeste hacia el este. A lo largo de su curso hay más de diez puentes, muchos de ellos son modernos y sirven para comunicar la zona norte de Isfahán con los barrios del sur. Los antiguos son auténticas obras de arte y lugar preferido para el recreo de la juventud actual. El puente Sio Seh Pol o “el puente de los treinta y tres arcos”, fue construido en 1602 por orden del monarca safávida Abbas I. Los 33 arcos superan el río en una zona que tiene una anchura de 300 metros. Como tantos otros puentes safávidas, tenía dos funciones, permitir el paso de una orilla a la otra, y servir de presa para regular el caudal del río y desviar las aguas sobrantes hacia canales laterales que servían para el regadío. En el piso inferior, y casi a tocar el agua hay una acogedora casa de té.

El puente Khaju es uno de los más bellos puentes del mundo. Fue construido en 1650. Mide 132 metros de longitud y tiene una anchura de 12 metros. Puede ser cruzado en dos niveles de terrazas. El piso superior tiene en el centro unos pabellones finamente decorados con revestimiento cerámico en la parte del arco y frescos en las paredes. El puente también actuaba como regulador del nivel de las aguas.

Y no acabaríamos de citar lugares para recorrer en esta ciudad tan especial. Es por ello que muchos turistas les parece corta la visita, pues falta tiempo para verlo todo.  Isfahán merece mucha dedicación para captar en su integridad. En los viajes que preparamos en Muztag, siempre está presente una visita a los lugares más emblemáticos de la ciudad, pero si algunos viajeros quieren sumergirse más en la vida de Isfahán, siempre se les puede preparar un viaje a medida.
Este escrito está en buena parte extraído de la guía Rumbo a Irán, de la editorial Laertes, obra de Toni Vives, persona muy vinculada a Muztag Viajes.