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SULAWESI (INDONESIA): LOS TORAJA ene 24

Hoy os queremos mostrar a los toraja, un grupo étnico que habita en Tana Toraja, en la parte suroeste de Sulawesi (antiguamente llamada Célebes, la undécima isla más grande del mundo). Quien desconozca esta etnia es posible que se lleve una sorpresa, sobre todo en cuanto a sus tradiciones y celebraciones de rituales funerarios y de culto a los muertos.

Se supone que las tribus toraja eran originarias de Asia continental, debieron emigrar en barcos y aún queda latente el recuerdo de aquellas naves en la forma de las casas que construyen. Son agricultores asentados en las tierras altas de la zona meridional de la isla y aprovechan los desniveles de las montañas para el cultivo de arroz en terrazas. La población actual es de algo más del medio millón de personas. De manera oficial son de religión cristiana, en contraposición a la gran mayoría musulmana de Indonesia, pero en el fondo conservan buena parte de las creencias animistas de sus antepasados. El hecho de haber abrazado el cristianismo se debe a la acción de los misioneros holandeses a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando el gobierno colonial holandés quiso frenar la rápida propagación del islam entre las poblaciones costeras de Sulawesi. Cuando los musulmanes atacaron a los toraja a mediados de la tercera década del pasado siglo, las conversiones al cristianismo fueron masivas, en parte para ganarse el favor de los holandeses, pensando que los europeos los defenderían.

La familia toraja tiene un significado algo diferente al que estamos acostumbrados. Para un toraja la idea de familia es todo el pueblo, el cual se conforma por unidades familiares que ocupan cada una un tongkonan, la casa tradicional toraja en forma de barca. Hasta el año 1909 en que la esclavitud fue abolida por los holandeses, había tres clases sociales, los nobles, los plebeyos y los esclavos. Aún hoy, pese a la globalización y la influencia del estado indonesio, los descendientes de los nobles son los que habitan en las tongkonan, mientras que los de clase baja lo hacen en casas modestas construídas de bambú. La transmisión de clase es a través de la madre de familia. Cuanto más rica es una unidad familiar, más cuernos de búfalo adornan la fachada del tongkonan, y es que la posesión de búfalos de agua es la medida externa de la riqueza. En los poblados las casas siempre están dispuestas en paralelo dejando un paseo central, todas las casas se orientan de norte a sur. Para un toraja la puerta de la casa es la frontera entre la esencia humana y la divina, entre la vida y la muerte. Motivos geométricos decoran la fachada y cada color tiene su sentido: el rojo es la sangre, el negro la muerte y el blanco el espíritu.

La muerte, el único hecho ineludible de nuestra existencia, y que cada vez escondemos más en la sociedad occidental, es paradójicamente para el toraja el elemento que vertebra la vida. En el mundo toraja la muerte representa el instante más decisivo y toda su vida discurre en función de la muerte. Para una familia toraja, en especial si es rica o de la nobleza (que viene a ser lo mismo), hacer frente al fallecimiento del cabeza de familia, puede llegar a significar la ruina. La complejidad de los rituales funerarios puede comportar unos gastos que superen con creces la capacidad económica de esta familia. Pero, ¿a qué se debe este empobrecimiento? ¿Cómo puede ser que un entierro signifique la bancarrota de uno de los grupos acomodados de los Toraja?

Cuando llega el momento de la muerte lo más importante es preparar el regreso del difunto al mundo secreto de sus ancestros, llamado puya, o tierra de las almas. Para tener éxito este traspaso hay que organizar un funeral a la altura del finado y éste será pagado por los familiares, para ello es posible que tarden años en reunir la cantidad necesaria para la magna celebración. Lo primero que hay que hacer es lavar el cadáver en profundidad, esta operación se realiza en el interior de la casa y no puede ser vista por gente ajena. Una vez limpio se inyectan productos como formol y otros mejunjes para conseguir momificar el cuerpo. La siguiente tarea, también se desarrolla en la intimidad del hogar y consiste en ir envolviendo el cadáver con telas. La envoltura llega a más de un metro de espesor y servirá de mortaja mientras la familia consigue dinero para el funeral. El tiempo entre la muerte y el funeral es variable y puede ir entre unos pocos meses y varios años. Durante este tiempo la familia seguirá llevando comida y bebida de manera regular al difunto, pues se cree que el alma aún no ha comenzado el viaje hacia puya, y no comenzará el trayecto hasta la celebración del funeral.

Si se trata de una persona de clase plebeya la ceremonia del funeral es breve, poco elaborada y se realiza al poco de haber sucedido la muerte y el cuerpo se entierra en alguna cueva del entorno. Cuando se trate de un personaje importante las celebraciones duran varios días y a veces llegan a reunir hasta dos mil personas llegadas de toda Indonesia e incluso torajas que habitan en el extranjero. Siempre aprovecha la estación seca, entre junio y septiembre, después de haber cosechado los campos, así pueden venir muchos más invitados. Uno de los requerimientos es cortar una figura de medidas naturales y con la fisonomía del difunto. Cuanto más se pague al artesano mejor será la escultura, así, se pueden ver algunas que son simples muñecos sin facciones definidas y otras que representan a una persona en concreto. Estas figuras, llamadas tau tau suelen vestirse con ropa que había pertenecido al fallecido. La finalidad del tau tau es la de colocarlo en una especie de tribuna colgada en algún acantilado no lejos del poblado y cerca de la roca en la que se excava la tumba.

Previo al ritual del funeral se construyen una serie de alojamientos destinados a acoger a los invitados y donde podrán observar todas las ceremonias. Otra pequeña edificación se construye para guardar momentáneamente el tau tau. Una vez han llegado los invitados comienza la más sanguinaria de las tradiciones. Esta consiste en sacrificar búfalos de agua, normalmente entre 24 y 40 ejemplares (el gobierno actualmente supervisa para evitar una matanza en masa –antaño hubo funerales en los que se llegaron a sacrificar 240 búfalos-). Los búfalos son animales caros y están expresamente destinados a funerales. Durante toda la vida son cuidados pensando en el día del sacrificio. Si el búfalo es albino, el coste puede ser desorbitado, llegando a costar más de seis mil euros un ejemplar. Estos animales albinos son raros y para que crezcan sanos, tienen siempre a lo largo de su vida un cuidador que vela por su limpieza y alimentación.

La ceremonia del sacrificio es muy cruenta y llega a provocar escenas de aquellas que “pueden herir la susceptibilidad del espectador”. Unos verdugos armados con un machete van cortando el cuello de los búfalos, uno a uno. Y hay animales que con el cuello seccionado, arrancan a corren despavoridos y tratan de embestir al público. La sangre mancha toda la explanada donde se desarrolla la matanza. Cuantos más búfalos se matan, más fácil será el viaje del difunto hacia la tierra de las almas y más respetado será en el más allá. El animal también simboliza el medio con el que el alma viaja, o sea que cuanto más fuertes sean los búfalos mejor afrontarán los peligros del periplo. Los adolescentes también participan en el sacrificio de animales y pasan a machete a un número indeterminado de cerdos negros.

Los días que siguen, normalmente tres, se dedican a las danzas, las canciones y los banquetes. Los invitados desfilan ante la familia del difunto y ofreciéndoles regalos. La última parte de la ceremonia consiste en transportar el féretro y el tau tau hacia la montaña. El tau tau se sube hasta el balcón donde quedará rodeado de otras figuras de familiares ya fallecidos. El féretro se coloca en el nicho tallado en la roca y en el interior se depositan objetos que pertenecían al fallecido. Finalmente se sella la tumba.

Otra curiosidad de los toraja, también vinculada con la muerte es como se entierra a los bebés a los que aún no les han salido los dientes. En un árbol se hace un agujero en el tronco y el cuerpo del pequeño se coloca dentro y se cierra con una puerta. Con los años el crecimiento de la planta habrá asimilado el cadáver y así el alma viajará con la naturaleza.

Para los turistas, la parte más fascinante de esta cultura es poder vivir en directo alguna de las ceremonias ligadas con los complejos ritos funerarios. Además, por sí misma la isla es suficientemente interesante para merecer un detallado viaje, ya sea recorriéndola en trekking a pie, en vehículo o acercándose en barca a alguna de las islas que la rodean, como pueden ser las Toggian. Otra atracción de Sulawesi es el buceo, hay zonas como Manado o Bunaken donde las inmersiones son de altísima calidad. En Muztag os ofrecemos la posibilidad de diferentes viajes tanto para Indonesia: Bali, Tana Toraja, Bali y Gili Islands, como un itinerario sólo por Sulawesi.

 

LOS BACKWATERS dic 30

Uno de los ecosistemas más raros ya la vez delicados de la Tierra se encuentra en el suroeste del subcontinente indio, en el estado de Kerala. Se trata de los Backwaters, un curioso encadenamiento de lagos y canales situados no muy lejos de la costa. Estos lagos se alimentan con el agua dulce que proviene de las montañas llamadas Ghats Occidentales y de la entrada de agua salada por los estuarios de los ríos y canales que desembocan en el mar Arábigo. El origen más probable de las acumulaciones de aguas de retiro debió ser un gran oleaje que hizo penetrar el agua marina tierra adentro combinado con importantes riadas que provocaron la creación de islas en las desembocaduras de los ríos. Otra hipótesis es que el agua que penetró en el interior tuviera como origen un tsunami. Fuera cual fuera la causa que creó el conjunto lacustre, el resultado fue la creación de cinco lagos de grandes dimensiones, a los que desembocan treinta y ocho ríos que los alimentan. Además de los canales naturales, con el paso de los siglos, los habitantes de los Backwaters han ido abriendo otros para poder crear nuevos enlaces entre los lagos, y ahora conforman una red navegable de casi 900 kilómetros. El lago Vembanad Kayali mide 96 km de longitud y un promedio de 14 km de ancho, con una superficie total de 2.033 km2, lo que hace que sea el lago más grande de la India.

Desde tiempos remotos esta área ha sido poblada por gente que se ha aprovechado de los recursos que ofrecen las aguas, en algunas zonas salobres y en otras dulces. De este aprovechamiento destaca la pesca y el cultivo, en especial del arroz, la recolección de coco y las plantaciones de especies como la nuez moscada, el clavo o la pimienta, considerada ésta última como una de las mejores del mundo.

Hoy, los Backwaters se han convertido en un destino deseado por el turismo mundial y en los últimos tiempos han visto incrementadas las visitas gracias a que el magazine National Geographic Traveler incluyó esta parte de Kerala entre los cincuenta lugares del Mundo que se deberían conocer. Son varios los motivos por los que esta parte de la India ha merecido tan alto reconocimiento. El paisaje es parte fundamental del interés del viaje. Las orillas de los canales, con una vegetación ufana y con los cocoteros despuntando hacia el cielo, conjugan a la perfección con las aguas tapizadas de jacintos acuáticos. La fauna, con presencia de muchas especies de aves marinas. El elemento humano es indispensable en este decorado: mujeres con los trajes tradicionales, pescadores a bordo de rudimentarias barcas,…
El sustrato cultural que encontramos en los Backwaters, tiene aspectos de origen hindú, musulmán y sobre todo cristiano, con componentes tan destacables como el Kutiyattam, el arte teatral local que tiene más de 2000 años de historia. La medicina ayurveda y sus famosos masajes, son la aplicación práctica de una filosofía mezclada con ciencia curativa, que tiene más de ocho mil años de antigüedad.

Y entre otras varias atracciones que el visitante va descubriendo está la cocina de Kerala, la tradicional gastronomía malabar, donde las especies son elemento fundamental. Los platos suelen tener un punto picante pero queda matizado con el contrapeso ingenioso de la tapioca dulce. El marisco y el pescado muchas veces se cocinan con coco. También el coco es la base de una bebida fermentada consumida por los locales. Por todo, el arte culinario de esta parte de la India es un viaje para el paladar.

La mejor manera de disfrutar de los Backwaters es viajando a través de los canales a bordo de un kettuvallam. Los kettuvallams son casas flotantes, y literalmente su nombre significa “embarcaciones unidas por cuerdas”. Estos navíos son una maravilla de la ingeniería, están construidos con madera proveniente de los árboles de la jaca (jackfruit), en su construcción no hay ni un solo clavo, todo va anudado con miles de cuerdas de fibra de coco y cubierto con una resina resistente al agua, hecha de castañas de cajú hervidas.

La vida a bordo de un kettuvallam es relajada y permite irse parando para acercarse a los lugares más representativos de los Backwaters. Los barcos actuales van equipados con GPS, y tienen todas las comodidades que puede precisar un turista occidental: wc, dormitorio con cama de matrimonio, aire acondicionado y además siempre va a bordo un buen cocinero-camarero, además del capitán y el técnico de motor. Quien crea que el confort de uno de estos barcos es insuficiente, puede optar por alojarse en alguno de los resort de lujo que hay en la zona de Kumarakom, y desde allí realizar excursiones diurnas por los canales.

El turista que sólo quiera recorrer los Backwaters el mejor punto de entrada es el aeropuerto de Cochin. Justo al sur de esta importante ciudad, centro histórico de la Costa Malabar, es donde empieza el laberinto de canales y lagos. Los viajeros que opten por un viaje más completo por el sur de la India, pueden llegar y partir por varios aeropuertos internacionales, como es el caso de los de Madras y Bangalore que ofrece Muztag en el programa India del Sur. Además, la agencia les puede ofrecer viajes a medida para toda la India.

 

KILIMANJARO dic 19

-¡Mira por dónde! ¿Quién me iba a decir que algún día lograría llegar a la cima de una montaña de casi seis mil metros? ¡Y que esta montaña sería un lugar tan emblemático como el techo de África! Estas pueden ser, más o menos, las reflexiones de una persona que acaba de bajar del Kilimanjaro; de una persona, normal, caminadora y excursionista, eso sí, pero lejos de pertenecer a la élite del alpinismo. Y es que plantearse alcanzar los 5.895 metros de altura de la cumbre del Uhuru (la cima Libertad), punto culminante del Kilimanjaro es un reto factible para casi todo el mundo que se lo proponga.
Para acercarnos a las míticas Nieves del Kilimanjaro, hay que viajar hasta Tanzania en la costa oriental africana. El punto de acceso más cercano es el aeropuerto KIA, junto a la ciudad de Arusha (tiene pocos vuelos desde Europa), también se puede llegar a través de los aeropuertos internacionales de Dar Es Salaam o el de Nairobi en la vecina Kenia.  

El nombre de la montaña, mejor dicho volcán, proviene seguramente de la palabra “Kilimangne”: Montaña del agua, en lengua masái, también podría ser que viniera del idioma chagga “Kilemieiroya”: la montaña invicta. De todos modos, los chagga a la montaña no la llaman Kilimanjaro, sino Kibo, que significa Montaña Blanca. El punto culminante es un pequeño promontorio situado unos 900 metros al suroeste del cráter y que fue bautizado como cima Libertad, en lengua suajili “Uhuru”.

Hoy las famosas nieves están desapareciendo de manera rápida y constante. En las últimas tres décadas la disminución de la superficie cubierta por glaciares es bien visible. Parece ser que esta drástica reducción de la zona innivada es consecuencia del cambio climático global pero también por el calentamiento progresivo del mismo volcán, lo que podría presagiar una futura erupción.


La ascensión al Kibo o Kili, no es difícil por ninguna de sus rutas, algunas son más técnicas que otras, pero en definitiva el único problema que presenta subir es el gran desnivel que hay que salvar en poco tiempo. Además las dificultades a superar están al alcance de todos si se saben hacer bien las cosas: un mínimo entrenamiento previo y sobre todo durante la ascensión realizar una buena aclimatación, esto significa ir muy poco a poco, alimentarse de manera correcta e ingerir mucho, mucho líquido. Otra ventaja que presenta el Kili es que no se necesita un equipamiento excepcional. Con la vestimenta que afrontamos cualquier cima del Pirineo a finales de otoño es suficiente. Otra ventaja es que en la ruta “normal”, la Marangu o también popularmente llamada ruta Coca-Cola, los emplazamientos de los refugios están en los lugares más idóneos, en unas cotas que permiten una ascensión escalonada y facilitan la aclimatación y el descanso, con unas mínimas de comodidades. En otras rutas se come y pernocta en tiendas de campaña.
La mejor época para acercarse a la gran montaña es desde primeros de enero a mitad de marzo y desde la segunda quincena de julio hasta septiembre. Hay que evitar el período de lluvias, que comprende los meses de abril, mayo y primera parte de junio. Noviembre y diciembre pueden ser irregulares, aunque sigue siendo posible la ascensión.

Los equipos de guías y porteadores que acompañan a los alpinistas suelen ser bastante buenos. Los guías y los que hacen de camareros sirviendo las comidas son las personas con las que los clientes tendrán más trato. Su dedicación y empeño hace que la subida sea más sencilla. Además, ¿sabéis la comodidad que representa llegar al refugio y tener la cena preparada?
Como se ha dicho antes, la ruta normal o Marangu es la más transitada y la que cuenta con la red de refugios que facilita la ascensión., Este itinerario comienza en la Mandara Gate (puerta de entrada al parque nacional del Kilimanjaro) donde hay que hacer algunos trámites burocráticos. La primera etapa, la que va desde la puerta de entrada al parque hasta refugio Mandara es de 890 metros de desnivel, y discurre por el interior de un bosque tropical húmedo. Se sube cruzando una flora lujuriosa y variada, con árboles cargados de lianas, líquenes y flores por todas partes. La fauna es más escurridiza, a veces es posible observar algunas familias de monos. El refugio Mandara (2.750 m) está en un claro del bosque y cuenta con varias edificaciones donde siempre reina una considerable actividad debido a las expediciones que van llegando. Antes de ir a la cabaña asignada para dormir hay que registrarse en los rangers (operación que se repite en cada refugio). Una gran cabaña hace de comedor y debido a la cantidad de gente se realizarán turnos para comer.
La segunda jornada, en principio se parece a la precedente, pero al poco de andar se llega al confín de la selva. Justo en la zona de transición entre el bosque húmedo y el páramo hay la posibilidad de desviarse un poco de la ruta para subir al pequeño volcán Maundi. Desde este cráter se puede divisar a lo lejos el Kilimanjaro ya su lado la silueta inconfundible del Mawenzi, el torturado volcán vecino del Kili. Ahora la vegetación pasa a estar formada por arbustos y matorrales, sin faltar muchas variedades de flores. Hacia el final de esta segunda jornada es cuando se ven los primeros senecios gigantes (Senecio keniodendron), planta de grandes dimensiones y especie endémica que sólo se encuentra aquí y el monte Kenia. Después de unas siete horas de marcha y unos 15 km de recorrido se llega al emplazamiento del refugio Horombo a 3.720 m. En este lugar se permite pasar más de una jornada. Es bueno para la aclimatación aprovechar el tercer día de expedición para descansar un poco y dedicar el máximo esfuerzo en subir hasta la cota 4.000, justo en un lugar llamado Cebra Rock, donde la vista permite observar toda la subida al Kili.
La cuarta etapa es más exigente, no por la dificultad del terreno que en buena parte sube de forma constante pero suave. El obstáculo está en la altura y que ahora las temperaturas empiezan a ser bajas. El paisaje pasa de un curioso bosque de lobelias (Lobelia deckenii) a ser un desierto, casi lunar, donde ya no es posible encontrar agua potable. Ahora es cuando se ven los primeros grupos que pagan los esfuerzos de jornadas anteriores y el haber aclimatado mal. Después de cinco horas efectivas de marcha se divisa el refugio Kibo, a 4.703 metros. En este refugio es donde se viven las horas previas al ataque definitivo y donde de verdad se mide el estado de forma de los alpinistas. La corta noche (se va a dormir poco antes de las siete de la tarde y hay que levantarse hacia las once de la noche) pone en su sitio a todos. Descansar bien las pocas horas de las que se disponen es señal de que se han hecho la aclimatación de manera correcta y el éxito está muy cerca.

Un desayuno poco digerible a media noche, rumor de toses debidas a las gargantas resecas, alguna que otra migraña y también alguien que duda en salir o no después de un descanso difícil, es lo que espera a los alpinistas. Fuera hace fresco y muy pronto una hilera de lucecitas serpentea por la ladera empinada que conduce a Gilman’s Point, en 5744 metros, punto clave de la ascensión. Cuando se llega a Gilman’s Point es cuando se insinúan en el horizonte las primeras luces del nuevo día. Es el momento crucial de la subida. Este lugar se encuentra el filo del cráter. Hay expediciones que se dan la vuelta, con la excusa de que ya están arriba, pero aún queda más de una hora si lo que de verdad se quiere es llegar a la cima verdadera, el Uhuru. Arriba sobre el cráter, el terreno se aplana. En la actualidad sólo quedan unos pocos glaciares y en un año normal se puede alcanzar la cumbre sin siquiera pisar nieve, caminando sobre greda volcánica. Y por fin, es cuando desbordan los sentimientos. ¡Qué sueño encontrarse allí donde nos habíamos propuesto, el punto más alto del continente africano!
En próximos post os iremos contando los mejores complementos turísticos para hacer de la ascensión al Kili un viaje redondo y completo. De hecho en un anterior post ya os habíamos hablado del parque del Serengeti.
En Muztag organizamos la ascensión al Kilimanjaro en diversas modalidades y siempre a partir de dos personas: por la vía normal, por la Machame, incluyendo la ascensión previa al Monte Meru (muy conveniente si se dispone de tiempo, pues permite una mejor aclimatación), con la visita a varios parques naturales. También os podemos ofrecer un programa hecho a medida, incluso desde una sola persona.