Hoy os queremos mostrar a los toraja, un grupo étnico que habita en Tana Toraja, en la parte suroeste de Sulawesi (antiguamente llamada Célebes, la undécima isla más grande del mundo). Quien desconozca esta etnia es posible que se lleve una sorpresa, sobre todo en cuanto a sus tradiciones y celebraciones de rituales funerarios y de culto a los muertos.
Se supone que las tribus toraja eran originarias de Asia continental, debieron emigrar en barcos y aún queda latente el recuerdo de aquellas naves en la forma de las casas que construyen. Son agricultores asentados en las tierras altas de la zona meridional de la isla y aprovechan los desniveles de las montañas para el cultivo de arroz en terrazas. La población actual es de algo más del medio millón de personas.
De manera oficial son de religión cristiana, en contraposición a la gran mayoría musulmana de Indonesia, pero en el fondo conservan buena parte de las creencias animistas de sus antepasados. El hecho de haber abrazado el cristianismo se debe a la acción de los misioneros holandeses a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando el gobierno colonial holandés quiso frenar la rápida propagación del islam entre las poblaciones costeras de Sulawesi. Cuando los musulmanes atacaron a los toraja a mediados de la tercera década del pasado siglo, las conversiones al cristianismo fueron masivas, en parte para ganarse el favor de los holandeses, pensando que los europeos los defenderían.
La familia toraja tiene un significado algo diferente al que estamos acostumbrados. Para un toraja la idea de familia es todo el pueblo, el cual se conforma por unidades familiares que ocupan cada una un tongkonan, la casa tradicional toraja en forma de barca. Hasta el año 1909 en que la esclavitud fue abolida por los holandeses, había tres clases sociales, los nobles, los plebeyos y los esclavos. Aún hoy, pese a la globalización y la influencia del estado indonesio, los descendientes de los nobles son los que habitan en las tongkonan, mientras que los de clase baja lo hacen en casas modestas construídas de bambú. La transmisión de clase es a través de la madre de familia. Cuanto más rica es una unidad familiar, más cuernos de búfalo adornan la fachada del tongkonan, y es que la posesión de búfalos de agua es la medida externa de la riqueza.
En los poblados las casas siempre están dispuestas en paralelo dejando un paseo central, todas las casas se orientan de norte a sur. Para un toraja la puerta de la casa es la frontera entre la esencia humana y la divina, entre la vida y la muerte. Motivos geométricos decoran la fachada y cada color tiene su sentido: el rojo es la sangre, el negro la muerte y el blanco el espíritu.
La muerte, el único hecho ineludible de nuestra existencia, y que cada vez escondemos más en la sociedad occidental, es paradójicamente para el toraja el elemento que vertebra la vida. En el mundo toraja la muerte representa el instante más decisivo y toda su vida discurre en función de la muerte. Para una familia toraja, en especial si es rica o de la nobleza (que viene a ser lo mismo), hacer frente al fallecimiento del cabeza de familia, puede llegar a significar la ruina. La complejidad de los rituales funerarios puede comportar unos gastos que superen con creces la capacidad económica de esta familia. Pero, ¿a qué se debe este empobrecimiento? ¿Cómo puede ser que un entierro signifique la bancarrota de uno de los grupos acomodados de los Toraja?
Cuando llega el momento de la muerte lo más importante es preparar el regreso del difunto al mundo secreto de sus ancestros, llamado puya, o tierra de las almas. Para tener éxito este traspaso hay que organizar un funeral a la altura del finado y éste será pagado por los familiares, para ello es posible que tarden años en reunir la cantidad necesaria para la magna celebración. Lo primero que hay que hacer es lavar el cadáver en profundidad, esta operación se realiza en el interior de la casa y no puede ser vista por gente ajena. Una vez limpio se inyectan productos como formol y otros mejunjes para conseguir momificar el cuerpo. La siguiente tarea, también se desarrolla en la intimidad del hogar y consiste en ir envolviendo el cadáver con telas. La envoltura llega a más de un metro de espesor y servirá de mortaja mientras la familia consigue dinero para el funeral. El tiempo entre la muerte y el funeral es variable y puede ir entre unos pocos meses y varios años. Durante este tiempo la familia seguirá llevando comida y bebida de manera regular al difunto, pues se cree que el alma aún no ha comenzado el viaje hacia puya, y no comenzará el trayecto hasta la celebración del funeral.
Si se trata de una persona de clase plebeya la ceremonia del funeral es breve, poco elaborada y se realiza al poco de haber sucedido la muerte y el cuerpo se entierra en alguna cueva del entorno. Cuando se trate de un personaje importante las celebraciones duran varios días y a veces llegan a reunir hasta dos mil personas llegadas de toda Indonesia e incluso torajas que habitan en el extranjero. Siempre aprovecha la estación seca, entre junio y septiembre, después de haber cosechado los campos, así pueden venir muchos más invitados. 
Uno de los requerimientos es cortar una figura de medidas naturales y con la fisonomía del difunto. Cuanto más se pague al artesano mejor será la escultura, así, se pueden ver algunas que son simples muñecos sin facciones definidas y otras que representan a una persona en concreto. Estas figuras, llamadas tau tau suelen vestirse con ropa que había pertenecido al fallecido. La finalidad del tau tau es la de colocarlo en una especie de tribuna colgada en algún acantilado no lejos del poblado y cerca de la roca en la que se excava la tumba.
Previo al ritual del funeral se construyen una serie de alojamientos destinados a acoger a los invitados y donde podrán observar todas las ceremonias. Otra pequeña edificación se construye para guardar momentáneamente el tau tau. Una vez han llegado los invitados comienza la más sanguinaria de las tradiciones. Esta consiste en sacrificar búfalos de agua, normalmente entre 24 y 40 ejemplares (el gobierno actualmente supervisa para evitar una matanza en masa –antaño hubo funerales en los que se llegaron a sacrificar 240 búfalos-). Los búfalos son animales caros y están expresamente destinados a funerales. Durante toda la vida son cuidados pensando en el día del sacrificio. Si el búfalo es albino, el coste puede ser desorbitado, llegando a costar más de seis mil euros un ejemplar. Estos animales albinos son raros y para que crezcan sanos, tienen siempre a lo largo de su vida un cuidador que vela por su limpieza y alimentación.
La ceremonia del sacrificio es muy cruenta y llega a provocar escenas de aquellas que “pueden herir la susceptibilidad del espectador”. Unos verdugos armados con un machete van cortando el cuello de los búfalos, uno a uno. Y hay animales que con el cuello seccionado, arrancan a corren despavoridos y tratan de embestir al público. La sangre mancha toda la explanada donde se desarrolla la matanza.
Cuantos más búfalos se matan, más fácil será el viaje del difunto hacia la tierra de las almas y más respetado será en el más allá. El animal también simboliza el medio con el que el alma viaja, o sea que cuanto más fuertes sean los búfalos mejor afrontarán los peligros del periplo. Los adolescentes también participan en el sacrificio de animales y pasan a machete a un número indeterminado de cerdos negros.
Los días que siguen, normalmente tres, se dedican a las danzas, las canciones y los banquetes. Los invitados desfilan ante la familia del difunto y ofreciéndoles regalos. La última parte de la ceremonia consiste en transportar el féretro y el tau tau hacia la montaña. El tau tau se sube hasta el balcón donde quedará rodeado de otras figuras de familiares ya fallecidos. El féretro se coloca en el nicho tallado en la roca y en el interior se depositan objetos que pertenecían al fallecido. Finalmente se sella la tumba.
Otra curiosidad de los toraja, también vinculada con la muerte es como se entierra a los bebés a los que aún no les han salido los dientes. En un árbol se hace un agujero en el tronco y el cuerpo del pequeño se coloca dentro y se cierra con una puerta. Con los años el crecimiento de la planta habrá asimilado el cadáver y así el alma viajará con la naturaleza.
Para los turistas, la parte más fascinante de esta cultura es poder vivir en directo alguna de las ceremonias ligadas con los complejos ritos funerarios. Además, por sí misma la isla es suficientemente interesante para merecer un detallado viaje, ya sea recorriéndola en trekking a pie, en vehículo o acercándose en barca a alguna de las islas que la rodean, como pueden ser las Toggian. Otra atracción de Sulawesi es el buceo, hay zonas como Manado o Bunaken donde las inmersiones son de altísima calidad. En Muztag os ofrecemos la posibilidad de diferentes viajes tanto para Indonesia: Bali, Tana Toraja, Bali y Gili Islands, como un itinerario sólo por Sulawesi.















































