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BUJARA, UZBEKISTÁN Jun 17

EL MEJOR EJEMPLO DE CIUDAD MEDIEVAL EN ASIA CENTRAL

En un anterior post (01/06/2012) os habíamos hablado de Samarcanda, la ciudad con más atractivos turísticos de todo Uzbekistán. En este país centroasiático tenemos, además, un cúmulo de lugares interesantes para visitar. Encontramos localizaciones naturales muy espectaculares, como es el caso del mar de Aral, el fértil valle de Fergana o antiguas poblaciones que fueron importantes centros del comercio asiático, como Shakhrisabz, la ciudad del poderoso caudillo Tamerlán, la bonita Khiva o la misma capital actual, Tashkent. Pero queda por descubriros un lugar único en este enclave de la vieja Ruta de la Seda, y este es Bujara. Desde el año 1993, el centro histórico de Bujara está inscrito en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco.


Situada a unos 190 kilómetros al suroeste de Samarcanda, Bujara se nos muestra como una ciudad prodigiosa, que guarda el conjunto urbano medieval mejor conservado de toda la zona musulmana de Asia Central. Se sabe, por hallazgos de los arqueólogos, que esta parte del territorio uzbeko, ya era habitado hace unos veinte y cinco siglos atrás.

El emplazamiento de Bujara se halla en medio de una amplia región árida y justo donde se abre un gran oasis regado con el agua aportada por el río Zeravšan. La ubicación de la ciudad ha sido fundamental en su historia, pues sirvió como centro caravanero para los comerciantes que seguían la Ruta de la Seda, tanto para los que iban en dirección hacia Occidente buscando el siguiente punto de abastecimiento como era Merv (actual Turkmenistán), como los que iban hacia el Oriente y necesitaban prepararse para cruzar los difíciles pasos de montaña del Pamir.

Son escasos los vestigios anteriores a la irrupción de Gengis Khan. Durante la invasión mongola, en 1220, el territorio quedó devastado. En el siglo IV de nuestra Era, Bujara formaba parte de un estado llamado Heftalita, y que ya llegó a ser un centro de comercio muy importante, primero como la satrapía persa de los Sogdianos y a principios del siglo VII a depender imperio sasánida de Persia. El esplendor de Bujara siguió en aumento con la conquista árabe, pasando a formar parte del califato de Bagdad en el año 709. El 892, la ciudad se convirtió en la capital del reino Samánida y así convirtiéndose en uno de los centros más importantes de teología musulmana de todo el mundo islámico, en especial con respecto a la escuela sufí. El protagonismo, como núcleo de la enseñanza teológica, se alargó en el tiempo, manteniéndose a la cabeza desde el siglo IX al XVI. En este periodo Bujara llegó a tener más de doscientas mezquitas y un centenar de madrazas (escuelas coránicas).

La economía de Bujara se resintió tras el paso de los mongoles, y todavía no empezaba a levantar la cabeza cuando el año 1370 cayó de nuevo en manos mongolas y más en concreto del temible Tamerlán (descendiente por línea materna de Gengis Khan). Pero el imperio Timúrida, no fue destructivo y los habitantes de Bujara empezaron a recuperar su economía y la grandeza cultural.

Ya a finales del siglo XV tuvieron lugar luchas fratricidas por el poder, las cuales terminaron cuando todas las posesiones de los Timúridas fueron ocupadas por nómadas uzbekos, comandados por Khan Cheibani. El dominio Cheeibanida, de hecho el dominio de los uzbekos, rigió los destinos de Bujara durante bastantes siglos, bajo diversas dinastías. Hubo momentos en que los cheibanidas estuvieron sometidos a los persas, como ocurrió en tiempos del Sha Ismail I Safávida, en el siglo XVI. La ruptura definitiva de la línea sucesoria de los khanatos uzbekos terminó en 1920, cuando se estableció la República Popular de Bujara y ya en 1924 se proclamó la república Popular Soviética de Uzbekistán, dentro del conjunto de la URRS. Hay que esperar hasta el año 1991, para ver la creación de la República de Uzbekistán, tal como está constituida, y Bujara como capital de una de sus provincias.

Hoy en día, Bujara es una apacible ciudad que apenas llega al millón y medio de habitantes, alejada del ajetreo que conlleva una capital de estado. Es un escenario perfecto donde movernos los viajeros, pues todavía encontramos tranquilos bazares medievales, unos pocos acogedores y buenos restaurantes con un marcado estilo centroasiático, y sobre todo monumentos, muchos y de calidad. Pero en el caso de Bujara, por encima de las virtudes individuales de cada monumento, lo que nos asombra es el conjunto arquitectónico urbano, como fue planificado y lo bien que se conserva.

Acabamos de escribir que lo destacable de Bujara es el contexto del trazado urbano, pero necesitamos hacer unas notables distinciones en cuanto a sus monumentos. El más destacable de todos ellos es el edificio que alberga la tumba de Ismail Samani, una obra del siglo X considerada la mejor de todo el ámbito islámico de su época y por tanto una obra maestra de la arquitectura musulmana. Una curiosidad es que el pico más alto del Pamir y de la antigua Unión Soviética (situado en Tayikistán), llamado pico Comunismo, de 7.495 metros, ahora se ha rebautizado como pico Ismail Samani.

Otra joya que podemos contemplar es el minarete de la mezquita Po-i-Kalyan, una extraordinaria torre cilíndrica de 48 metros de altura y que data del año 1127. La obra es de ladrillo, decorada con motivos geométricos. Desde lo alto del minarete se tiene la mejor vista de la ciudad.

La lista de madrazas y mezquitas interesantes para los turistas es muy larga, destacamos sólo, las majestuosas madrazas Ulugbeg y Mir-i-Arab, y la curiosa Chor Minor, adornada con cuatro minaretes, hecho inusual en la arquitectura de esta región de Asia. Además del santuario de Ismail Samani, encontramos el santuario Chasma Ayub, una obra sobria y equilibrada. La ciudadela Ark, es una de las grandes edificaciones y que se asienta dominando la entrada al casco antiguo.

La agencia de viajes Muztag organiza recorridos por Uzbekistán que incluyen la visita a los lugares más emblemáticos de Bujara. Y para los más deportistas también organiza expediciones de montaña para subir al pico Ismail Samani.


INDIA, TRENES DE MONTAÑA ANTIGUOS (2 º capítulo): SHIMLA – KALKA Oct 31

Como habíamos anunciado, presentamos el segundo escrito dedicado a los trenes de montaña de la India. El tren Shimla – Kalka es
como el anterior que hicimos describir, el
Toy Train, de construcción británica y sigue funcionando hoy en día. Con el tren de Darjeeling también tiene en común que es Patrimonio Mundial de la Unesco, este desde el año 2008.

Hacia el año 1820, los británicos comenzaron a establecerse en las laderas de la cordillera Shivalik (cordillera que discurre paralela al sur del Himalaya,
tiene unos 2.400 km de longitud, cruzando de punta a punta la India). Crearon asentamientos coloniales en diversos lugares, en el este en Darjeeling,
justamente donde se construyó el primer tren de montaña; al oeste la zona elegida fue Shimla, la actual capital del estado de Himachal Pradesh. El motivo
era para aprovecharse de la bondad del clima, sobre todo en verano, y así huir de la insoportable calor de la llanura y también buscar un ambiente más
saludable.

 

La ciudad de Shimla, situada en 2.205 metros de altura, pronto cautivó al gobierno colonial británico, tanto que decidió trasladar hasta allí su residencia de
verano. El problema era acceder desde Delhi a esta apartada área de montaña; primero había acercarse hasta los pies de las montañas utilizando carromatos, después venía la dura ascensión, que sólo se podía hacer a pie o a lomos de caballos y mulas.

La idea de construir un tren de montaña que llegara hasta la población con Shimla surgió a mediados del siglo XIX. Las obras del ferrocarril que debían unir Delhi con Lahore (actual Pakistán) estaban ya en plena ejecución y se inició el estudio para unir la futura estación de Kalka (estado de Haryana) con la
flamante residencia de verano colonial.

La línea férrea de ancho internacional parecía inviable para salvar la compleja orografía y por eso los ingenieros optaron por diseñar un trazado que fuera
alcanzable por un tren de vía estrecha. Al fin, después de mucho tiempo de estudios topográficos y de ingeniería, en 1899 comenzaba la difícil obra de
llevar la conexión ferroviaria desde los 656 metros de la llanura hasta el emplazamiento previsto de la estación de Shimla a 2.075 metros. Los trabajos
eran complejos por la orografía, la roca que se debía horadar y los bosques a talar. El riguroso clima tampoco ayudaba, con frecuentes y copiosas nevadas en
invierno, y las lluvias torrenciales del monzón que provocaban desprendimientos.

En 1903 se inauguró el trazado, el cual es en la actualidad casi igual que en los inicios. Son 96,6 kilómetros siguiendo las sinuosas formas del terreno, de tal
manera que la pendiente media no pasa del 30/1.000.

Una forma de conseguir que la línea ganara altura sin obligar a los trenes a afrontar grandes pendientes, fue la construcción de 988 puentes y viaductos.
Alguno de los viaductos se construyó de manera similar a los acueductos romanos, permitiendo unir profundos valles. El otro elemento de ingeniería más empleado fue la apertura de túneles. Al principio había 107 túneles, pero con los años han quedado sólo 102, los otros cinco quedaron destruidos por deslizamientos del terreno y hundimientos, lo que ha obligado a variar ligeramente el trazado.

Otro elemento distintivo de esta pintoresca ruta es el constante zigzag a que obligan las 917 curvas, algunas muy cerradas, incluso hay algunas que forman
una espiral completa. Este recorrido sinuoso obliga a los trenes a circular en marcha lenta, lo que permite a los viajeros de disfrutar plenamente del variado
paisaje.
Las locomotoras que hacían el recorrido eran de vapor, construidas en Glasgow y del mismo modelo de las que aún podemos ver en Darjeeling. En 1980 se cambiaron por máquinas de motor diesel.

A lo largo de los 96,6 kilómetros hay 21 poblaciones, muchas de ellas se han creado gracias al paso del ferrocarril. El desarrollo de Shimla se vio muy
condicionado por la llegada del tren. Se construyeron edificios coloniales para albergar hoteles, bancos y residencias privadas, algunas de estas edificaciones, en su  mayoría de la segunda década del pasado siglo , aún se mantienen en pie.

Este es un destino ideal para los turistas amantes de los ferrocarriles exóticos, los cuales seguro que encontrarán en esta línea un atractivo único. Por el gran
grueso de los viajeros, subir hasta Shimla puede representar una excelente ocasión de conocer una ciudad especial, con elementos indios autóctonos
mezclados con reminiscencias coloniales, y todo rodeado por unos fabulosos paisajes dominados por bosques de cedros del Himalaya.

En un viaje por la India del Norte, la visita a Shimla puede representar un paréntesis a los programas tradicionales del Rajastán, Punjab y Delhi, al
tiempo que será un descanso al sofocante calor en la que todo turista se ve bligado a aguantar. Y si se quiere un recorrido redondo, se puede alargar el
viaje hasta la relativamente cercana ciudad de Amritsar, donde se encuentra el fabuloso templo Dorado de los sijs, del que os hablaremos en algún próximo post.

La agencia de viajes Muztag puede ofrecer un viaje a medida que incluya la visita a Shimla y el recorrido en el tren histórico.

Os invitamos a un recorrido por Shimla y su tren:

 

 

 

LAOS, SU ANTIGUA CAPITAL: LUANG PRABANG Aug 04

Laos, el “País del millón de elefantes“, tiene una superficie parecida a la mitad de España. Ocupa la parte central de la península de Indochina y se encuentra rodeada por China, Vietnam, Camboya, Tailandia y Myanmar, y es el único país de la región que no tiene mar.  En cambio, a falta de mar tiene como arteria de vida el río Mekong, que recorre Laos de norte a sur.


Visitar Laos es un placer, por los paisajes, los monumentos históricos y sobre todo por su gente. Como ejemplo, hemos elegido para explicaros lo que creemos es la ciudad más especial del país: Luang Prabang (o también Luangprabang).

Uno de los mejores modelos de ciudad que podemos encontrar en el mundo, donde se haya producido un maridaje perfecto entre la arquitectura tradicional y las ideas y modelos importados por el poder colonial, es sin duda Luang Prabang. Aquí se asociaron las estructuras urbanas propias de una ciudad provincial francesa del siglo XIX y principios del XX, con un tejido anterior diseñado de la pequeña capital de Lan Xang (nombre del país cuando fue incorporado a Indochina francesa). Los nuevos comercios y viviendas de los colonos tuvieron que encajar entre multitud de templos budistas, algunos palacios nobles y las tradicionales casas de madera de los Lao.
Este paisaje urbano tanto curioso y a la vez bien conservado es el que propició que en 1995, toda la ciudad ingresase en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco como bien cultural.
La ciudad se asienta en una estrecha península formada entre el río Mekong y su afluente Nam Khan. En la parte del istmo se corresponde al cerro Phu Si, donde hoy día se levanta una gran estupa llamada That Chomsi.

Los orígenes de Luang Prabang se pierden en una maraña de viejas leyendas. La más popular es la que se refiere a Buda. Parece ser que en uno de sus viajes, Buda, paró a descansar en un lugar muy bonito. Al día siguiente, al levantarse sonrió y profetizó que en ese lugar se levantaría una ciudad que sería poderosa y llegaría a ser capital de un reino. Otra leyenda cuenta que dos ermitaños eligieron el lugar por su belleza y lo bautizaron con el nombre de Xien Dong. En aquel tiempo Xien Dong era habitado por unos seres híbridos, y que al morir se convirtieron en los protectores de la ciudad, desde el momento en que los humanos la vinieron a ocupar.

Los primeros humanos que vivieron en la primitiva Xien Dong fueron los Khas, un grupo formado por tribus procedentes de diversas regiones vecinas, Más tarde, los Lao, un grupo llegado desde el norte, siguiendo a su legendario líder Khun Lo, expulsaron a los Khas . La ciudad pasó a llamarse Muang Java. Las últimas evidencias arqueológicas parecen confirmar la existencia de los Khas y que fueron reemplazados por los Lao.

Hacia finales del siglo XIII, Muang Java pasó a ser la capital del reino Lan Xiang (literalmente “País del millón de elefantes“). En aquella época la ciudad se había convertido en un destacado centro budista y en especial había prosperado económicamente al convertirse en un punto de paso obligado de una de las ramas meridionales de la Ruta de la Seda.

En 1560, la capital del reino pasó a Vientiane, y al mismo tiempo Muang Java cambiaba de nombre. Una imagen de Buda traída desde la vecina Camboya fue la base del nuevo topónimo. Este Buda se llama Phra Bang que significa: gran imagen sagrada. Luang significa real. Al juntar los dos nombres es como aparece Luang Prabang.

A finales del siglo XVII se produjo una grave crisis política, desatada tras la muerte del rey Sourigna Vongsa. El reino de Lan Xang quedó dividido en dos: los reinos de Vientiane y Luang Prabang, y algo más tarde, una nueva escisión creó el reino de Champasak.

Luang Prabang siguió siendo la capital hasta 1946, cuando a raíz de la independencia del país, Vientiane cogía el relevo. Entremedias, sin embargo, la pequeña capital se vio acometida por birmanos, siameses y vietnamitas y a finales del siglo XIX por chinos. En 1893, el reino de Luang Prabang pactó con los franceses someterse bajo la forma de protectorado, dentro de la Indochina francesa.
El último monarca de Luang Prabang, Sisavang Vatthana, abdicó en 1975, después de que el movimiento comunista del Pathet Lao aboliera la monarquía. No se conoce con exactitud la fecha de su muerte en prisión, se habla de 1977 o en 1980.

La ciudad, ha dejado de ser un centro político, pero mantiene su importancia como lugar religioso. Las residencias reales y los monasterios son los edificios más significativos. La mayoría de estos edificios antiguos, son de madera y pese a tener un origen muy antiguo (s. XV y XVI), lo que ahora podemos ver son reconstrucciones de finales del siglo XIX, pues la mayoría resultaron dañados 1887 a consecuencia los ataques de los “Banderas Negras” procedentes del sur de China.

Los edificios coloniales están construidos de ladrillo, con cubierta de teja, de dos pisos de altura, y suelen tener balcones. Los encontramos en la calle principal y pertenecían a familias de comerciantes franceses y se parecen mucho a cualquier casa que podamos encontrar, por ejemplo, en el Languedoc – Roussillon.

Los más de noventa monasterios presentan una tipología típica de Luang Prabang. Consisten en un gran patio, normalmente rectangular, ocupado por edificios monásticos comunales, la biblioteca, varias estupas, el refectorio y el templo. Los templos, junto con los elementos del jardín o el patio, son la parte que se visita. Suelen ser bastante sencillos por dentro. Están divididos en tres naves por columnas de madera, en la cabecera hay un pedestal donde se asienta la figura de Buda. Las paredes están, en la mayoría de casos, decoradas con tallas de madera y pinturas murales bastante simples. La entrada al templo forma un soportal abierto. Además hay muchos pequeños detalles que forman parte de los elementos religiosos, como lámparas, esculturas, etc. La parte externa del templo presenta unos techos con mucha pendiente, aunque menos inclinados que los que encontramos en Vientiane, y una fachada en la que destacan los amplios aleros, clara influencia de los templos del norte de Tailandia. Y el elemento distintivo respecto a otras arquitecturas laosianas, son las puertas que presentan artísticas tallas cubiertas de pan de oro.

Las casas tradicionales son de madera. Levantadas sobre pilastras de madera, forman una superficie que se divide en las habitaciones y en una zona común, como si de una terraza se tratara. Bajo la vivienda y la zona común se dispone de suficiente espacio para trabajar y para guardar el ganado.

Este es el ambiente equilibrado de una mezcla arquitectónica única. Pero de gran interés es observar la vida cotidiana de la ciudad. Si queremos vivir plenamente nuestra estancia en Luang Prabang, es necesario que al menos un día nos levantamos bien pronto, antes de la salida del sol. El motivo de madrugar tanto, es que cuando empieza a amanecer, largas hileras formadas por cientos de monjes circulan por las calles, cargando cada uno de ellos una cesta de mimbre. La gente del país, arrodillada en el suelo, les ofrece comida, sobre todo arroz. Es un espectáculo que no debe perderse.

Las visitas a algunos monasterios son fundamentales, allí se puede ver, en parte, la vida de los monjes y admirar la arquitectura. Otros atractivos son el mercado matinal, una buena ocasión para ver y vivir los olores y los colores que alimentan a los habitantes de la ciudad.

Otro lugar que se ha de ver y vivir, es el puerto fluvial. Hay que subir a alguna de las barcas e ir a hasta la otra orilla donde hay más templos y unas cuevas llenas de esculturas budistas.

Y el placer del paseo, seguro que nos lleva indefectiblemente a algunas de las terrazas de los “bistrós” de la calle principal. Sentados en cualquiera de estos bares, ante una copa de vino francés, seguro que nos sentiremos transportados a algún lugar, difícil de identificar. Veremos pasar a las señoras cargadas con “baguettes” de pan recién cocido, como si estuviéramos, por ejemplo, en Arles. Pero las mismas señoras cubiertas con un sombrero cónico de paja, nos sitúan en el Sudeste asiático. Y para confundirnos más, ¿qué pensar cuando pasan chicas jóvenes, conduciendo scooters, con una mano en el manillar y el otro sosteniendo una sombrilla para taparse del sol?
Este es el ambiente pacífico y tranquilo de Luang Prabang. Una ciudad especial.

La agencia de viajes Muztag ofrece dos itinerarios en los que la ciudad de Luang Prabang tiene un protagonismo especial: “Viaje a Laos y Camboya” y “Viaje a Laos“.

 

 






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